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domingo, 27 de julio de 2008

Cuando el mejor ritmo, lo marcan ellos

Ya llevaba tiempo intentando agudizar mi observación y averiguar porque extraña razón mi peque era tan "impaciente" con el tema de salir a la calle: vamooooooooos,vamooooooooooos,umpios...calleeeeeeeee, todo esto entre muestras exigentes y subido ya en su silla por si se me olvida; dí con la razón de su impaciencia pero me faltaba comprobarlo, así que llegó este largo, festivo y caluroso fin de semana, con eventos de todas clases para disfrutar, familia con la que quedar, playa sol y mar...asuntos pendientes, vamos todo por hacer y bien organizado, pero a fecha de hoy domingo por la tarde y desde el mediodía, decidí seguir su ritmo; para empezar me acosté una siesta de mediodía(sobre la una)porque no podía más, no podía cumplir los compromisos, volver a la carretera con el coche por ir a la playa, seguir pensando en la feria...a la vuelta de la rica siesta, nos pusimos a comer, mejor dicho, a picar lo que encontramos por la nevera(irresponsablemente no teníamos comida hecha), así que fué comida-merienda, pero sin prisas, por suerte: "no había que salir"...han ido pasando las horas, y hemos gastado energías con las bolas y los tiros(de baloncesto), otro rato más pausado, viendo fotos,colocando cubos...y este rato que nos separamos cada uno a lo suyo, yo para observar el ordenador y relajarme contándoos mi visión del asunto, él, para traer al suelo su almohada, simular que vuelve a dormir, y recordarme que el mejor ritmo, es el de los niños que no saben la hora que es, ni que era lo que tenían que hacer...por cierto, a estas horas de la tarde, ni se ha acordado que existe la calle...

2 comentarios:

  1. Ójala siempre pudiéramos seguir el ritmo de vida de nuestras criaturas, pero las responsabilidades laborales y sociales de los adultos se anteponen a sus pequeñas demandas, generalmente más lógicas y razonables que nuestros "compromisos".
    Como hay días que son inevitables, no estaría mal proponerse otros días que los peques tomen las riendas en horarios (por supuesto siempre con un límite razonable), como ha experimentado Ana.

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  2. Sí, ya lo había hecho alguna que otra vez de alguna otra forma, por ejemplo siguiendo sus risas y juegos olvidando todo por hacer, en realidad cuando se hace eso, se dá una cuenta de todo lo añadido que lleva a su espalda, desde un trabajo "para sobrevivir"hasta una casa con un montón de cosas no tan útiles que finalmente hay que acabar limpiando...y que conste que para lo fundamental "comer" si que sacan su tiempo..

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