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jueves, 15 de junio de 2017

Momentos líquidos se vuelven sólidos: la magia de unas joyas especiales


La gran revolución de mi vida ha sido y está siendo la maternidad. Siempre supe que quería ser madre, pero no sabía que me iba a situar en el aquí y en el ahora de esta revulsiva manera. Tanto mi compañero como yo estamos en dejar un planeta mejor para nuestras niñas y niños; y unas niñas y niños mejores para el planeta.

También tendría que contaros que vengo de una familia dedicada a la artesanía, mi madre y mi padre trabajan el cuero desde 1982, año en el que nací (soy la tercera hija, de tres) y desde hace 5 años compartimos espacio de taller y tienda. 

Desde pequeña me gustaba probar materiales, ayudar a mi madre y a mi padre, acompañarles a ferias, compartir asambleas, etc. Soy autónoma, artesana joyera desde 2008. Mis bajas de maternidad han sido de 6 semanas en ambos casos, y mi compañero pudo cogerse sus bajas y el resto de las mías. Mis hijos han estado y están conmigo en el trabajo muchas veces; mi vida es un continuo entre familia y trabajo, que están estrechamente unidos.

La cosa fue que, un día, Miren Zubiaga, alumna de joyería y futura joyera, amiga y aprendiz del taller, me comentó que había visto que se estaban haciendo joyas con leche materna. Me pareció algo increíble.



Al cabo de un par de semanas de esta conversación con Miren, Lis, una mujer cañera que me había encargado una pieza con enorme contenido emocional, me envió un mail con información de joyas de leche materna, y me comentó que ella estaba muy interesada en hacerse algo.

A mí me entraron las ganas de investigarlo para hacer unas joyas con leche materna para mi compañero, mis hijos y para mí. A Miren, por su parte, le apasiona investigar técnicas nuevas y nuevos materiales. Así, Miren y yo investigamos el proceso, conseguimos un par de donantes de leche (con las que hacer trueque: una vez conseguida la fórmula mágica, les haríamos sus joyas a cambio de su buena leche) ya que a mí ya solo me salen gotitas (he conseguido sacarme para las piezas que he hecho para mi familia).




Para mí, con este trabajo, se aúnan aún más las dos grandes máximas de mi vida: la crianza y el oficio.

También siento que visibilizo una de las etapas de la vida de las mujeres que deciden ser madres y amamantar a sus hijas e hijos: se pone en valor el gran potencial creativo y creador, la entrega a nuestros pequeños y pequeñas y a todas esas horas que pasamos con ellos y ellas enganchados a nuestras tetas.

Siento un respeto máximo por cada bote que me llega con leche de una mujer que conozco o desconozco, pero con la que conecto a través de su esencia mamífera; y así trato su pieza y su leche: con respeto y amor absoluto. El momento de trabajar con mi propia  leche fue extraño y hermoso a la vez: sentía estar trabajando con mi interior mas físico, con mis entrañas...




Para mí es algo mágico crear esas piezas, que representan momentos emocionalmente importantes: vivencias, recuerdos, amor, familia,...

Es una suerte poder vivir del trabajo que me apasiona, y poder ofrecer al resto la posibilidad de materializar una emoción, tan personal y tan intransferible.

Ilia Mitxelena Foronda
Artesana joyera

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