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lunes, 6 de enero de 2020

A mi pequeña:


La primera vez que me preguntaron por nuestra lactancia, mi respuesta fue "6 meses", y mira hasta dónde hemos llegado.

Pero llegadas a este punto, yo ya no quiero más. Ojalá hubieras elegido tú.

Durante el día ya llevábamos meses distanciadas y sin amarguras ni problemas. Pero ya las noches, que nunca en casi año y medio habían sido maravillosas pero descansábamos ambas en ciclos de 2-3 horas, pasaron a ser continuas mini-teta-sesiones cada hora o menos. Y eso ha sido lo que me ha podido. Agotada, con dolor de espalda de posturas imposibles y dolores de cabeza cada vez más habituales; triste por dentro, por sentirme mal porque me reclamas y sentir por dentro que me enfado, que no quiero... Y no es que sea egoísta, sino que necesito estar bien para cuidar de ti. No mereces que no esté al 100% por ti.

Así llegó el día, bueno la noche, en que dije basta. Y hubo lágrimas, sí , tuyas y mías; pero sobrevivimos ambas. Y ya pasé de ser teta a ser mamá, la que te arropa y la que te duerme cantando, o con cuento, o con historias, o contando estrellas u ovejitas... Entre lloriqueos y lagrimillas, mientras tus manitas buscan el contacto de mi pecho.

Pasarán los días y ya no nos acordaremos, y solo recordaremos nuestras miradas, nuestras sonrisillas y juegos mientras mamabas, tus sueños en mis brazos. Mi pecho fue tu alimento y mucho más... Con eso me quedo. Haberte dado el mejor regalo a través de mí.

Lloro sí, pero en parte de pena y en parte de alegría. Por haber decidido yo. Por las lágrimas... Pero también por 22 meses. Por casi 2 años. Creo que sí, que podemos felicitarnos, que no lo hemos hecho nada mal. 

Comienza un nuevo año. Y para nosotras, otros nuevos retos que superar. ¿No te parece, pequeña?

Te quiero, 


Mamá
Lorena González

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