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jueves, 25 de noviembre de 2021

Violencia obstétrica, algo más que una moda


Hoy es 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. 

Desde La Buena Leche queríamos acercarnos y acercar a nuestras lectoras a la violencia obstétrica, considerada una forma de violencia contra las mujeres de la que aún no se conoce mucho.

Según la OMS, la violencia obstétrica es aquella que sufren las mujeres durante el embarazo o el parto al recibir un maltrato físico, humillación y abuso verbal, o procedimientos médicos coercitivos o no consentidos.

A pesar de que un amplio porcentaje de sanitarios afirma que no existe violencia obstétrica en nuestra sociedad, un 67,4% de las mujeres en España afirma haberse visto envuelta en una situación que podríamos definir como tal.

Desde el mismo momento en que escuché por primera vez a una mujer, mi madre, contar su experiencia y finalizar la narración diciendo “es que antes se hacía así”, saltó en mi cabeza una alarma que me decía que a lo mejor se hacía así, pero que eso no podía ser lo normal. Y vaya, resulta que sí, que es lo normal, porque hemos normalizado esas prácticas. Porque sigue ocurriendo 34 años después. Porque las mujeres seguimos siendo víctimas de un problema que es global y sistemático. Se nos falta al respeto, se aprovechan del sentimiento de culpa, se nos habla de forma poco adecuada y en muchas ocasiones no se respeta nuestro cuerpo como debería ser respetado.

¿Los profesionales que nos atienden ejercen esta violencia de forma consciente? Pues es posible que no, es posible que cuando la matrona del centro de salud te dice “Con ese peso a ver como ayudas a tu hijo a nacer”, probablemente crea firmemente que te está ayudando o lo hace bajo la convicción total de que está haciendo su trabajo, pero tenemos que acabar con esto.

La OMS considera que la tasa ideal de cesáreas llevadas a cabo debería estar entre el 10% y el 15% de los partos atendidos. Sin embargo, las cifras nos dicen algo muy distinto: en Cantabria prácticamente se supera en un 7% esa cifra (en hospitales públicos) y nos enfrentamos a un porcentaje de alrededor del 40% en hospitales privados.

¿Qué significa esto?

Que se están llevando a cabo prácticas innecesarias con nuestro cuerpo y , cuando se llevan a cabo, estas prácticas se perpetúan con la excusa de que es por nuestro bien y el de nuestros bebés.

¿Deberían desaparecer las prácticas médicas de este tipo?

Rotundamente no, tanto las cesáreas, como las episiotomías, como los partos instrumentales, son prácticas absolutamente necesarias, pero hay que tener muy claro cuándo hay que hacer uso de ellas, y por qué razones.

En el momento en que se piden explicaciones, se interponen denuncias o simplemente “nos atrevemos” a comentarlo con el personal sanitario, las respuestas que recibimos refieren que las mujeres percibimos violencia donde no la hay, que es posible que no hayamos entendido que el procedimiento es el necesario, que no tenemos la edad adecuada... es decir, la culpa es nuestra. Tenemos la necesidad urgente de hacer entender que, cuando se nos practica una maniobra Kristeller*, se está ejerciendo violencia, cuando se nos atan las manos para realizarnos una cesárea, se está ejerciendo violencia, y cuando se nos realiza una episiotomía** (de forma injustificada) se nos está mutilando genitalmente. Por lo tanto, podríamos afirmar que estamos ante un tipo más de violencia de género.

Y es posible que ésta sea la razón por la que al personal sanitario, y a los órganos encargados de terminar con estas prácticas les cueste tanto reconocer su existencia, porque asumir que se está ejerciendo violencia de género en una profesión que tiene que mirar por nuestra salud, no debe ser nada fácil.

La autora Esther Vivas nos anima a cambiar el concepto de embarazo y parto como principio para acabar con este tipo de violencia: "Tenemos que cambiar este imaginario, concebir el embarazo y el parto como procesos fisiológicos y normales, no como patologías. Existen asociaciones como El Parto es Nuestro o Dona Llum que están trabajando mucho en este ámbito y han conseguido avances muy significativos". Y apunta con firmeza: "Para revertirla se pueden hacer varias cosas: para empezar hay que reconocer que la violencia obstétrica existe; hay que crear alianzas con los profesionales de la salud para avanzar hacia un tipo de parto respetado, y hay que incorporar una perspectiva de género y feminista en la formación del personal sanitario".

Marta Busquets, abogada y activista, lucha por visibilizar y concienciar a las mujeres sobre violencia obstétrica y cómo combatirla, a partir del conocimiento de los propios derechos sobre el parto. La jurista escribió su libro Mi embarazo y mi parto son míos basándose en los testimonios de mujeres que no se habían sentido respetadas en su parto y protagoniza, junto a Esther Vivas y otras muchas profesionales y activistas, un movimiento que está levantando ampollas. Como toda lucha incipiente, que remueve los cimientos machistas sobre los que nuestra sociedad, cultura, educación y sanidad están basados, el reconocimiento de esta violencia no está siendo un camino de rosas y mucho menos la lucha para su erradicación. Nos quedamos, para terminar, con las certeras palabras de Busquets "Es importante nombrar la violencia obstétrica, muchas mujeres no saben que la han sufrido", confiando en que lo que se nombra y se lucha, acaba por terminarse. Al menos, desde esta asociación que defiende el quererse y tratarse bien, ese es nuestro deseo.


Annia González Horta y Laura Martínez Cobo para la Asociación La Buena Leche


* La maniobra de Kristeller consiste en ejercer presión sobre el abdomen de la mujer con el supuesto fin de favorecer la salida del feto. La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, en sus recomendaciones de 2007, afirma que la maniobra de Kristeller está contraindicada para facilitar el descenso del feto. Esta maniobra puede causar a la madre traumatismos que van desde hematomas y dolor en las inserciones musculares y fractura de costillas hasta rotura del útero e inversión uterina, que pueden provocar a su vez hemorragias graves y, en casos extremos, conducir a la extirpación del útero. En cuanto al bebé, también puede producirle traumatismos y lesiones como las del plexo braquial, que provocan la parálisis de Erb.(Fuentes: El País y El Parto es Nuestro).

** Una episiotomía es una incisión que se hace en el perineo (el tejido entre la abertura vaginal y el ano) durante el parto. Aunque el procedimiento antes era una parte rutinaria del parto, ese ya no es el caso.

lunes, 17 de mayo de 2021

SEMANA DEL PARTO RESPETADO 2021


Esta semana celebramos la Semana Mundial del Parto Respetado, que desde 2004 pretende sensibilizar sobre los derechos básicos de las mujeres en la atención a su parto. El objetivo es que la legislación sanitaria de cada país sea cada vez más respetuosa, dando la máxima protección tanto a la dignidad como a la intimidad, y proporcionando información adecuada para que las usuarias puedan tomar decisiones libremente entre las alternativas disponibles. 

Es importante que las mujeres conozcan sus derechos para poder hacer uso de ellos. La experiencia subjetiva del parto va a estar relacionada con las expectativas que se tengan sobre el mismo y con la sensación que haya podido vivir la parturienta como parte activa y no pasiva, con la atención cálida y con el respeto a su plan de parto.

Desde la llegada de la  pandemia por Covid-19 los derechos básicos se han visto mermados en múltiples ocasiones, a veces sin verdadera necesidad, pero siempre impulsados por el miedo y el deseo de proteger tanto a la madre y a la criatura como al personal sanitario. En La Buena Leche creemos en la importancia de seguir manteniendo esos derechos, ya que la ausencia de ellos también pueden producir daños no deseados.

Aquí puedes encontrar más información de los derechos en la atención al parto:

https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/conoce-tus-derechos-area-legal/conoce-tus-derechos 

Aquí tenéis la estrategia nacional de atención al parto normal:

https://www.mscbs.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/equidad/planPartoNacimiento.pdf 

Y aquí os dejamos con la experiencia reciente de una mamá. Si queréis, podéis hacernos llegar la vuestra durante esta semana. Deseamos que el parto respetado siga avanzando y extendiéndose por todos los lugares del planeta.


LA EXPERIENCIA DE LORENA

Este mes celebraremos la semana del parto respetado y otra vez, como hice con mi primer parto, os voy a contar cómo fue. 

Durante el embarazo ya me había mentalizado de lo que quería: un parto natural sin analgesia. El primer parto fue bastante rápido y, si hacía caso a la estadística, éste sería más rápido aún. Eso me motivaba más, pensaba: "si duele, al menos sé que será menos tiempo". Y según más leía y me informaba, más segura me encontraba. Además de saber que los partos sin intervención también son más rápidos. Todo apuntaba muy bien. 

Aquella mañana me volvieron a realizar la maniobra de Hamilton y hacia la medianoche entraba en Valdecilla con la bolsa rota. Aquel paseo hasta entrar en urgencias fue el repaso último, no dejaba de repetirme en la cabeza: "estamos hechas para parir". Tantas y tantas horas pensando en el parto, mentalizando a mi cuerpo de la tarea que tenía por delante de nuevo. 

Entramos, primera valoración y no había dilatado apenas, pero lo bueno es que las contracciones eran muy seguidas, con muchas ganas de pujar; así que la matrona me dijo que había mucha dinámica y que eso era bueno. 

Pues nada, nos toca hacernos la PCR y a dilatación-paritorio sola, papá se tiene que quedar fuera esperando resultado. Mierda de protocolo Covid, pero no hay otra, es lo que nos ha tocado a las embarazadas en tiempos de pandemia. 

Después fue todo muy rápido (se cumplía lo esperado) en nada ya de 6-7 cm. "Pues ya, anestesia nada", le digo. Total, si ya llevamos este ritmo y las ganas de pujar, que no se van en ningún momento. Seguimos.

Poco después, mientras hablaba con mi matrona y me ponía la vía, llegó una contracción en la que claramente note la cabeza bajar. Tras 4 pujos más y sentir el "aro de fuego" del expulsivo, mi segunda pequeña nació.

Alrededor de dos horas. No me lo podía creer. Me ayudaron a tumbarme porque me temblaba el cuerpo entero del subidón que tenía de hormonas...oxitocina, adrenalina, felicidad y de todo por mi torrente sanguíneo. 

De nuevo, otra vez, un recién nacido sobre mi pecho y ese "rayo" que te atraviesa el corazón. Otra vez me había vuelto a enamorar. En ese instante papá apareció en el paritorio, con la comunicación de nuestro negativo en la PCR; pero se perdió la llegada de la peque...otra de las m*****s del protocolo Covid. Pero bueno, me quedo con haber cumplido mi deseo de parto y que ambas estábamos perfectamente bien.

                                                                                                               Lorena G.


viernes, 16 de abril de 2021

Nacer en pandemia: el relato de Martina







356 días de lactancia exitosa llevamos por aquí. Aunque cada día es un poquito más borroso el recuerdo del comienzo, aún tengo muy presente esas primeras semanas de dolor, incertidumbre y sobre todo de angustia.

Nacer en pandemia tuvo su parte buena, el no tener visitas y poder fluir al son de tu bebé creo que es un "must", pero el poco apoyo sanitario era desesperante para nosotros. Que si pezonera sí, que si pezonera no... que si había frenillo pero "poco", que el niño se enganchaba bien, que el dolor iría remitiendo...

Si algo me quedó claro es que NO, que una lactancia que duele no hay que aguantarla, no hay que sufrirla... hay que buscar ayuda. 

Si no hubiera sido por La Buena Leche tengo claro que estos 356 días se hubieran quedado en 9 ó 10 , así que gracias; gracias por acompañar, por ser red, por estar ahí y por preocuparos por mi bebé y por mí 💙.

Tres meses y una anquiloglosia después, quitamos pezonera y hasta hoy, que este pequeño monete va a cumplir un año y no hay nada que le guste más que su tetita.

No te avergüences, no dudes, no creas que "molestas", déjate ayudar y sobre todo sigue tu instinto...

No todo es idílico, las noches siguen siendo duras y después de mil despertares digo "hasta aquí", pero cuando empieza el día, veo esa carita y disfrutamos tanto de la lactancia juntos que ese pensamiento se hace un poquito más pequeño 😉.

Martina

viernes, 14 de agosto de 2020

Ángela escribe en la Semana Mundial de Lactancia Materna


Aunque ya haya pasado la Semana de la lactancia materna , no es tarde para poner mi granito de arena por la causa. Salimos en el mes de Agosto del calendario de La Buena Leche, a la que estoy muy agradecida, y a Regazo Fotografia . Si hay algo de lo que me sienta orgullosa como madre y como profesional , es de amamantar y ayudar a que otras madres amamanten. Porque dar la teta no siempre es fácil, señores, ni tiene por qué ser una experiencia religiosa como la viven algunas. La lactancia, lo mismo que la maternidad es una acto de generosidad, de entrega, pensado en lo mejor para un hijo, no como algo que nos realice como personas, o porque nos llena mucho, o porque así nos adueñamos del fruto de nuestro vientre. Bien cierto es que, como resultado de esa entrega, uno recibe más de lo que da. Por eso defiendo que la #lactanciamaterna, no es una opción, es lo que hay que hacer, y hay que ayudar a las madres a que lo hagan. Comenzando por una buena formación preparto, a mí juicio escasa, que presentan la lactancia muchas veces como algo que no es y que a veces hace que muchas madres no quieran o se sientan frustradas si no lo consiguen. Esto no va de ideales, de ser más o menos hippies, de enseñar la teta a todas horas porque es lo más natural o de sentirse más cómoda dándolo en soledad. Trata de lo mejor para un hijo, de fisiología, de sentido común, y de preparación a la maternidad y a la crianza. 
 
He dado muuucha teta y me gusta taparme cuando lo hago, en público uso un pañuelo o un delantal. En esta foto estaba recién operada a corazón abierto, mi hijo tenía dos meses y jamás me planteé destetarlo. Preparé un banco de leche sus dos primeros meses y la semana que estuve ingresada me lo saqué incluso en la UCI. En verdad, todo fue muy normal. En cuanto llegué a mi casa y vi a mi hijo, la leche me volvió a subir, y eso que me abrieron el pecho... Podría no haber funcionado y no habría pasado nada, pero no por ello iba a dejar de intentarlo. Dar el pecho en mi recuperación cardiaca me curó también el corazón de otro modo. Tal y como he dicho antes, hacer el bien que lleva dar la vida, pensando en el bien de mi hijo, me dió la vida a mí. #lactanciasinmitos #sialavida de
 
Ángela Díaz de la Campa

jueves, 7 de noviembre de 2019

Medidas adecuadas para mujeres reales


Estos podrían ser casos ficticios de mujeres no reales. Lamentablemente no es así. Todas las historias que compartimos a continuación pertenecen a mujeres de carne y hueso. Todas ellas son mujeres reales de nuestro entorno. Madres que con mucha dedicación y esfuerzo personal han logrado “mal conciliar” su maternidad con sus vidas laborales, y que han querido colaborar con La Buena Leche compartiendo sus experiencias durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna para visibilizar las dificultades a las que han debido enfrentarse durante esta etapa de sus vidas, y en las que muchas de nosotras podemos vernos reflejadas. Gracias por compartir parte de vuestras vivencias y por dar voz a otras muchas mujeres.


Montse es madre soltera. Lactancia hasta los 18 meses.

"Mientras yo trabajaba en un instituto, mi hijo se quedaba con una chica que le cuidaba. Para continuar con la lactancia me lo llevaba diariamente en el recreo al centro para que pudiera darle la toma. ¡No solo mantuve la lactancia sino que la visibilicé! Hoy siguen acordándose las niñas que lo veían hace 4 años... ¡Y digo las niñas porque son las que más lo vivieron y me acompañaron en esos momentos!" 

Nos complace ver cómo en algunos lugares de trabajo a las madres se les permite emplear su descanso para amamantar a sus bebés y así permitir que la lactancia continúe. 

¡Enhorabuena a Montse por visibilizar el acto de amamantar en un lugar tan emblemático como un centro escolar! 


Irene. Dependienta de una juguetería.


"Durante la campaña navideña me tomaba un sándwich en el baño a la hora de la comida, a la vez que me hacía una extracción con el sacaleches. Siempre con mi nevera y los bloques para mantener la leche. Algunas veces me acercaba mi marido al niño para poder darle pecho en ese pequeño rato que tenía. 


Hacía reserva en el congelador en dos cajones para que en mi ausencia le ofrecieran mi leche. Cuando se acabaron las reservas de la leche que yo tenía almacenada, no me quedó más remedio que ofrecerle leche artificial a mí bebé. Ese mismo día acabamos en las urgencias del hospital. Diagnóstico: alergia a la proteína de la leche de vaca. 

El permiso de lactancia se lo cogió mi marido siempre porque en mi trabajo me recomendaban incorporarme por ser una de las épocas de más facturación del año…" 

Tener a una pareja que te apoye es fundamental. Que en el lugar de trabajo no vulneren tus derechos y además exista un lugar para extraerse la leche es muy importante para mantener una lactancia exitosa. Lo ideal sería no tener que extraerse la leche en el baño, sino en una sala cómoda y discreta donde la madre se sienta a gusto y tranquila, pero sobre todo que reúna las condiciones higiénicas adecuadas. 


Jess. Emprendedora. 

"Decidí emprender mi nuevo negocio desde casa a los 5 meses de embarazo para poder dedicarme a mi hijo. 3 años de lactancia y la comodidad de trabajar desde casa me ayudaron a crear el más bonito de los vínculos con él". 

El trabajo desde casa es otra opción a valorar para poder llevar a cabo una lactancia larga y placentera. No está libre de inconvenientes y requiere de una organización minuciosa de los tiempos de trabajo, aunque desde luego es una alternativa más a la hora de conciliar crianza y trabajo. Las ayudas públicas al autoempleo son fundamentales para impulsar este tipo de iniciativas empresariales. 

¡Enhorabuena Jess! 


Ainhoa. Madre de familia numerosa.


"Yo empecé a trabajar, sacaleches y bolsitas para congelar en mano y duré un mes apenas. Horarios laborales imposibles que hacían que todo fuera demasiado complicado. Aun continué con lactancia nocturna casi 5 meses más. Pero no poder dormir tampoco por el día y levantarse a las 6:30 horas para trabajar, volver tarde, hacerme cargo de mis otros dos hijos..." 

Los horarios de trabajo estrictos y poco flexibles dificultan la lactancia materna y llevan a muchas madres a abandonarla. Si en la empresa de Ainhoa se hubiera entendido la importancia de esta etapa y se le hubiera concedido una jornada continua o más flexible, seguramente su lactancia habría podido extenderse durante más tiempo, en beneficio tanto de ella como de su criatura. 


Almudena. Tripulante de vuelo. 

"Me reincorporé al trabajo cuando mi hija tenía 7 meses. Soy tripulante de vuelo, lo que implica pasar semanas fuera de casa. Me sacaba leche y la tenía que tirar porque no tenía forma segura de almacenarla. Estaba en mi habitación cada cierto tiempo sacando y tirando leche... 

Conseguimos mantener la lactancia hasta los 14 meses aún estando separadas hasta 15 días. Cuando volvía a casa se lanzaba a mí y la leche me subía de tal forma que mientras mamaba de un pecho goteaba del otro. Dejé en esos 7 meses el congelador cargadito de bolsas de leche para que siguieran dándole mi leche. Lo logré, pero no porque fuera fácil, sino por mi esfuerzo y voluntad". 

Cuando nuestro trabajo implica pasar días fuera de casa, amamantar a nuestras criaturas se vuelve complicado, aunque no imposible, y lo demuestra la historia de Almudena. Aun así, creemos que para una madre trabajadora las 16 semanas de baja maternal que prevé la ley no son suficientes para cubrir las necesidades nutricionales de sus hijas e hijos. Si Almudena hubiera podido reincorporarse al trabajo más tarde o en otras condiciones, no habría tenido que separarse de su bebé tanto tiempo, su esfuerzo habría sido menor y su lactancia más placentera. 



María G. B. Trabajadora del sector sanitario. 

"Tras 16 años trabajando a turnos en Sanidad, tuve que cogerme una excedencia para criar a mis hijos, ya que los turnos aleatorios que tenía me imposibilitaban que me organizase, ni siquiera con familiares o centros privados, ya que todos pedían una rutina de horarios. 


Cuando me reincorporé, tuve que conformarme con una reducción sin elección de horario, porque las que habían sido madres antes que yo tenían copados los turnos a su conveniencia, lógicamente, y ya no quedaba sitio para nadie más." 

Si las jornadas laborales de María hubieran sido flexibles o continuas, posiblemente habría podido seguir trabajando sin necesidad de optar por una excedencia, y así conciliar crianza y trabajo. 



Laura. Fisioterapeuta autónoma. 

"M. nació en abril. Yo llevaba por aquel entonces mi pequeña empresa como fisioterapeuta. Había contratado a alguien para que me sustituyera en el final del embarazo y en la maternidad, ya que mi prioridad era centrarme en el proceso, en mi parto y en ella cuando naciera. 


Cuando nació, mi trabajadora tuvo que dejarme por motivos ajenos y entendibles desde mi punto de vista, a día de hoy somos amigas incluso... Y a ésta la sustituyó una nueva trabajadora. A pesar de ser autónoma me compensaba estar de baja, EMOCIONALMENTE. Tuve que incorporarme antes de que se me acabara la baja ya que la segunda trabajadora enfermó y me planteé el volver antes. No habían pasado más que 3 meses. 

Mi idea de dedicarme más a mi maternidad que a mi propia empresa siguió adelante y conseguí trabajar solo por las mañanas, como mucho 5 horas, lo justo para que la pequeña aguantara sin la teta (sobre todo la parte afectiva o no nutritiva). La trabajadora se quedó por las tardes y alguna mañana. Pero eso sí...la remuneración con la que me quedé era irrisoria para ser una empresaria, ni mileurista era. 

A día de hoy, con mi segundo hijo, mi situación es otra totalmente; ya no tengo empresa y estoy dedicándome a mi maternidad. Mi bebé es feliz con 5 meses y su lactancia a demanda. Alguna vez esporádica nos separamos unas horas, pero se nota que vive tranquilo con el vínculo creado. 

Es complicado conciliar... Sería básico que por lo menos los 6 primeros meses pudiéramos estar en casita, dando amor y alimentando a nuestros y nuestras bebés.” 

Que las personas autónomas tengan los mismos derechos que las trabajadoras por cuenta ajena es fundamental. Que el permiso maternal se amplíe a 32 semanas, una necesidad de todas las madres y sus criaturas. 


Cris. Más de tres años de lactancia ininterrumpida. 

"Me quedé embarazada 2 meses antes de terminar la carrera... Por lo que decidimos que me quedaría en casa los primeros años para cuidar del bebé. Los inicios fueron complicados y el único apoyo real que encontré fue el de mi madre... He conseguido mantener la lactancia hasta la actualidad (3 años y 6 meses) con poco apoyo y comprensión por parte de mi entorno en general, y del padre de mi hijo en particular. Pero nosotras decidiremos cuando terminará." 

El apoyo de la familia y de la pareja es muy importante a la hora de tomar la decisión de amamantar a nuestras criaturas, ya que conlleva mucho esfuerzo y determinación. En el caso de Cris, la elección fue que ella se quedara en casa cuidando a su bebé renunciando de algún modo y temporalmente a su carrera profesional. 


Diana. Con reducción de jornada a pesar de todo y de todos. 

"Con mi hija mayor conseguí mantener la lactancia con un tremendo banco de leche que fui haciendo poco a poco, poco a poco... Cuando me reincorporé a trabajar fue con una reducción de jornada que en el trabajo sentó bastante mal, aunque yo hice valer mis derechos y los de mi hija. Mantuvimos la lactancia hasta los 23 meses, que fue cuando ella misma decidió que ya no quería más." 

Diana eligió reducir su jornada laboral para poder amamantar a su bebé y esto “sentó mal” a la empresa. Un cambio de paradigma y mentalidad es necesario para que en el mundo empresarial se acoja la idea de que para una mujer y una criatura es necesario estar juntos en los primeros años de vida de esta, y se debería facilitar ese proceso en lugar de poner obstáculos, máxime cuando esto ya es una derecho reconocido, incluyendo medidas por parte de las instituciones en forma de bonificaciones o ayudas económicas a las empresas para que puedan realizar contrataciones cuyo fin sea completar las jornadas de las trabajadoras que tengan reducida la jornada. 


Dunia. La lactancia como prioridad. 

"Encontré un trabajo a media jornada, embarazada de cinco meses de mi segundo hijo. Después de nacer, la incorporación fue gradual a partir de la cuarentena. Me lo llevaba a las reuniones en una manduca. A partir de los seis meses, el padre se quedaba con él por las mañanas, cerrando su negocio, y me lo traía a mi trabajo un par de veces cuando necesitaba mamar. Para nosotros la lactancia fue siempre una prioridad y la mantuvimos contra viento y marea. Mis dos hijos siguen tomando teta, aunque ya es solo para ir a dormir y al despertar. Tienen tres y cinco años." 


Nos encanta escuchar historias como las de Dunia, donde el apoyo de la pareja es incondicional y el lugar de trabajo facilita el proceso de amamantamiento permitiendo a la madre estar cerca de su bebé para las tomas en el propio puesto de trabajo... AUNQUE realmente lo idóneo habría sido que hubiera podido disfrutar de la licencia maternal al completo sin necesidad de incorporarse antes de tiempo. 


Noelia. Extracciones de leche en condiciones precarias. 

"Mi bebé tiene 8 meses y seguimos felices con la lactancia. Mi turno de trabajo es de 10:00 a 16:00 horas y aquí seguimos... Sacándome la leche en los cuartos de baño del Centro Comercial donde está ubicado el negocio donde trabajo, porque la única sala de lactancia que hay en el centro es pequeña y suele estar siempre ocupada por las usuarias que necesitan utilizarla para atender a sus bebés."

Un cuarto de baño no es el lugar adecuado para extraerse leche. Si en el centro comercial de Noelia hubiera una sala más amplia y acogedora para hacerlo, este momento sería para ella menos estresante y más agradable, y es posible que incluso pudiera extraerse más cantidad de leche, ya que la tranquilidad del entorno contribuye a aumentar la producción. 


Lidia. No pudo cumplir ni el período mínimo de descanso. 

"Suspendí la lactancia materna de mi primera hija porque a los quince días tuve que incorporarme al trabajo desde casa y al mes ya tenía que ir en días alternos. El padre, mi hoy exmarido, se negó a pedir la baja paternal." 


Es muy injusto pedirle a una madre que se reincorpore al trabajo a los quince días de dar a luz, además de no ser legal, ya que la ley prevé 16 semanas de baja maternal y las primeras de descanso obligatorio. Una posible solución hubiera sido proponerle a Lidia trabajar desde casa unos meses a partir de la finalización de su permiso maternal, para permitirle mantener una lactancia exclusiva hasta los 6 meses de vida de su bebé. 



En todos los relatos las decisiones, las medidas, el encaje de horarios, las renuncias, las propuestas… han venido del mismo lado. En la mayoría de los casos con más obstáculos que facilidades por parte de las empresas, y con poco o ningún respaldo institucional. Porque si desde las instituciones no existe sensibilidad, ¿cómo vamos a exigir a los y las empleadoras medidas corresponsables? 

La infancia sigue siendo una etapa que se encuentra en un total y absoluto desamparo por parte de los organismos públicos. No somos conscientes, o quizá no queremos serlo, de la importancia que merecen los primeros años de vida de las personas, no deja de ser una inversión de futuro. ¿O simplemente no interesa? ¿Realmente se han parado a cuantificar el ahorro que supondría a medio - largo plazo el hecho de abordar medidas de conciliación que tengan como prioridad el cuidado de los y las menores? 

El período de tiempo que la lactancia materna ocupa supone una pequeñísima parte en la vida de los seres humanos. Sin embargo, cada día son más los estudios que verifican la importancia y el impacto que esta tiene en las personas a todos los niveles: sanitario, económico, medioambiental, y por supuesto el que afecta al bienestar físico y emocional de las propias personas. 

¿Realmente no creéis que merece la pena que se ponga el foco en estas cuestiones que a fin de cuentas nos afectan a todos y a todas? 

En La Buena Leche pensamos que es prioritario que se aborde este tema a nivel político, que se pongan en marcha medidas de conciliación real que permitan a las personas invertir en lo más valioso que tendrán a lo largo de toda su vida: SUS FAMILIAS. El capital humano que, a fin de cuentas, conforma las sociedades. 

Es por todo ello por lo que instamos a los poderes públicos a poner en marcha, como mínimo, las siguientes medidas: 

  • Garantizar la lactancia materna exclusiva los primeros seis meses de vida con un permiso maternal de 32 semanas, atendiendo a las recomendaciones de los Organismos competentes.
  • Ampliar el permiso de lactancia al menos hasta los doce meses de vida, garantizando así una transición a la alimentación de sólidos atendiendo a las necesidades individuales de cada niño y niña.
  • Posibilitar reducciones de jornada sin penalización salarial con el objetivo de no tener que delegar los cuidados en terceras personas.
  • Implementar jornadas de trabajo flexibles o continuas que faciliten una conciliación REAL, o introduciendo y normalizando el teletrabajo cuando sea posible.
  • Establecer que el hecho de habilitar espacios aptos que reúnan las condiciones higiénicas adecuadas para las extracciones de leche materna, sea una obligación para las empresas.

Amamantar es un derecho ya no solo de las mujeres, también lo es de nuestros hijos e hijas. Hagámoslo posible derribando las barreras existentes y creando conciencia social.

martes, 14 de mayo de 2019

RELATO DE UN PARTO: "Pletórica de una nueva sensación"

Desde que me quedé embarazada, una de las cosas que me producían cierta intriga, miedo, inquietud, o llamadlo como sea: era el parto. ¿Identificaría las contracciones? ¿Cómo llevaría el dolor? ¿Sería para tanto como cuentan? ¿Es tan mágico el momento en el que llega a este mundo tu pequeñ@?

Así que, con el tiempo por delante de un embarazo, comenzó mi labor de investigación. Leía a todas horas. Me había convertido en una mono-tema-lectora: cuidados del bebé, lactancia, embarazo y, cómo no, parto. Leía experiencias de otras madres, consejos de matronas y ginecólogos,… de todo. 

Acudí a las clases de preparación al parto de mi centro de salud y servir, no sé si me sirvieron de mucho, porque cuando llegaba la parte práctica en aquellas clases y tocaba "imaginad que os viene una contracción"; yo me sentía algo estúpida ¡cosa de primeriza claro! ¡Cómo iba a saber yo cómo era sentir una contracción de parto!

Mi embarazo fue bueno, y así llegamos al PT de las 40 semanas. Yo no sentía en mi cuerpo nada distinto salvo sentirme muy pesada, aunque mi yo interior ya se mordía las uñas por conocer a la personita que estaba gestando. Resultado del PT: no hay apenas contracciones. Nos ve la ginecóloga y estoy dilatada de 1 cm. Me habla de la maniobra de Hamilton. Yo ya había leído sobre ello y estábamos de acuerdo en que si nos informaban, no tendríamos problema en que nuestro parto fuera inducido por ese método. Tengo que reconocer que sí duele, pero la doctora paró en su realización tantas veces como le pedí, fue amable y nada brusca. Ahora tocaba volver a casa a esperar la efectividad o no, y si el parto comenzaba.

Aquella tarde me empecé a encontrar revuelta. Era una sensación muy parecida a estar premenstrual. Dolores que iban y venían. Recuerdo que no fui a la clase de gimnasia de embarazadas a la que acudía cada semana porque me sentía muy pesada, pero yo, todo fuera por ayudar a la causa, me preparé una gran taza de chocolate para merendar. Después de cenar, sentada en el fitball empecé a tener contracciones más regulares que registré hasta casi la medianoche, que decidimos ir al hospital. Fue en ese momento, al salir de casa, cuando rompí aguas.

Ya no volvería esa noche a casa. Ingresamos por rotura de bolsa, porque a pesar de dos horas con contracciones no había dilatado nada: ¡1 cm! Igual que en la mañana. Que desilusión. Nos llevan a la habitación de dilatación-paritorio y la matrona se queda conmigo a charlar un poco del plan de parto; en mi caso el libro del seguimiento del embarazo con todo anotado, pero ella me pidió que yo le contara lo que quería y en ese momento no me salió nada más que “cuida de mi hija y de mí”. Momento de miedito que me invadió porque ella me devolvió una sonrisa y fue sentirme tan entendida... Hablamos sobre cómo son los partos, la epidural y alguna cosa más que no recuerdo exactamente, y ya nos quedamos solos papá y yo. Deambulando por la habitación, charlando, respirando, contracción, respirando… dejando a mi cuerpo prepararse.

No puedo decir si llevaba mucho tiempo o no, y en una de esas contracciones expulsé ya el tapón pero como había bastante sangre avisamos a la matrona y, tras revisarme de nuevo, ya estaba de 4cm. Era el momento de ponerme la epidural. Lo peor a partir de ahí fue perder la deambulación. Estar tumbada e inmóvil fue horrible. Y la anestesia, aunque hizo que mi dolor no fuese a más, mantuvo la intensidad misma que cuando llegué. Le saqué a posteriori el lado positivo, pues a la hora del expulsivo era totalmente consciente de cuándo era el momento de empujar y ayudar a mi pequeña a nacer.

Allí tumbada a medio oscuras, de la mano de papá, le hacía llegar cada contracción en busca de una salida del dolor fuera de mí... Cuando regresó la matrona, ya tenía ganas de pujar y estaba dilatada. Ni siquiera dio tiempo a transformar aquella cama. Di a luz casi tumbada, en tres pujos. Sin desgarro ni episiotomía. En 7 horas y media, mi parto había terminado.

Por fin mi pequeña A estaba sobre mí. ¡Qué invasión de sensaciones! Estaba completamente pletórica de una nueva sensación que ha llenado mi corazón del amor más grande e incondicional que jamás había podido imaginar. ¡Qué maravilloso el piel con piel! Tan cerca, casi tan unidas como hacía unos minutos antes. Me enamoré, más aún si cabe, de lo que ya lo estaba antes de conocer a la personita que llevaba dentro. Había mucha gente a nuestro alrededor haciendo su trabajo con ella y conmigo, pero no nos molestaron nada. En mi mundo ya solo estábamos A, papá y yo. Sobre mi pecho, en aquella habitación, A comenzó nuestra aventura de la lactancia que aún perdura 15 meses después.

Lorena G.

sábado, 23 de febrero de 2019

Lágrimas de leche artificial

Hoy te he tenido frente a mí. Hoy has acudido en busca de respuestas. Hoy he sentido que tú, con cualquier nombre y procedente de cualquier lugar, eras reflejo de lo que algunas mujeres sienten y me he sentido estremecer.

Hoy he podido observar cómo brotaban las lágrimas por tu cara. Cómo se deslizaban por tu rostro transmitiendo tristeza sin mediar palabra. Y tu gesto, lleno de dolor. De ése dolor que lastima por dentro, luchando contra esa angustia que amarra cada palabra anclándola en cada intento de llanto ahogado.

Hoy he podido intuir en tus palabras y en tu voz quebrada, a través de cada mirada traspasándome mientras vomitabas tus sentimientos, que nadie te dijo que tus pechos no solo son proveedores de leche y no solo son fuente de alimento.

Hoy he podido sentir en mis entrañas cómo cada biberón de leche artificial que le das a tu hijo es un arañazo a tu ego de madre. Hoy he sentido impotencia cuando dudabas de tu capacidad para ser la madre de tu hijo, cuando me contabas que te sentías madre sólo a medias. Ése hijo que has gestado y has parido tú y sólo tú, en un parto duro y demoledor física y anímicamente. Un parto que aún hoy ha dejado secuelas en ti.

He podido atisbar entre todas las sombras que oscurecen tu día, que la luz sigue en ti pero algo no la deja brillar. Y por eso hoy quiero decirte algo...

No te castigues por llorar. Deja que cada lágrima fluya y arrastre consigo esa culpa injusta que te empuja sin piedad hacia el fondo. Piensa en esas lágrimas como en una liberación, déjalas brotar, déjalas atrás. Date permiso y deja florecer las emociones, indaga en ti y perdónate porque es condición humana. Libérate de esas cadenas y comprende que tus pechos no sólo son fuente de leche.

Tus pechos son calor, tus pechos son protección, tus pechos son abrigo y calma. 


No te castigues por flaquear, por precisar sostén. No ocultes tu duelo, y vívelo, porque de él renacerás. No te sientas madre a medias, porque madre ya eras antes de engendrar. Desde el mismo momento en que algo despertó en ti el sentimiento de traer un nuevo ser a este mundo. No dejes que el hecho de querer secar tus pechos te castigue y te persiga, porque sólo tú sabes qué hay detrás de eso.

No te lastimes más y arranca ese sentimiento de culpa y pesar. Ama a tu hijo y siente cada instante que pasas con él como si fuerais los dos únicos seres del mundo, porque realmente lo sois. Sois vosotros los que estáis ahí y ahora. Al margen del alimento que le brindes así es. Porque lo que realmente necesita es que te despojes de esa culpa y respires cada momento.

Porque tus pechos no solo son proveedores de leche. Tus pechos son calor, tus pechos son protección, tus pechos son abrigo y calma. Sólo una mínima parte de ti y del camino que os queda por recorrer juntos. 


Verónica Saseta

lunes, 12 de marzo de 2018

De banda sonora, un sacaleches (segunda parte)


(Puedes leer la primera parte aquí)

Por fin, el día en el que pudiera poner a mi hija al pecho otra vez, había llegado. Con cables y monitores de por medio aún, pero pegaditas la una a la otra. Estábamos avanzando y el momento de normalizar estaba poco a poco llegando. En la siguiente toma le ofrecí primero el pecho y apenas succionó. Sin embargo el biberón lo terminó rápidamente, como siempre. Me vine abajo. Un sentimiento de frustración enorme me invadió. Recuerdo que lloré mucho aquel día.

Compartí aquellas emociones con algunas amigas y pronto me devolvieron a la realidad. Enseguida volví a poner los pies en la tierra. Y aunque con sentimientos ambivalentes, empecé a repetirme a mí misma que si había mujeres que podían inducirse lactancias, si había madres de grandes prematuros que lograban amamantar con total éxito a esos grandes luchadores, ¿por qué yo no iba a poder lograr una lactancia satisfactoria con mi pequeña? Tenía conocimientos, conocía las herramientas que podía poner en marcha. Las valoré y puse en práctica todas ellas en mi cabeza. Y sí, afortunadamente no tuve que poner en práctica ninguna de ellas. La siguiente vez que puse a la niña al pecho se aferró a él perfectamente. Necesité corregir un poco el agarre pero la succión era enérgica y potente.

Hoy sé que esa negatividad era fruto también de toda la vorágine de emociones que estaba viviendo en aquel momento. Hoy sé que a otra mujer en mi situación le hubiera dicho que respetara sus tiempos y los de su bebé, que estaba en el buen camino, que el hecho de que no hubiera querido succionar la primera vez podía deberse a muchas cosas y que todo era posible con paciencia. Pero qué fácil es hablar cuando las rozaduras del zapato las sufre otro, quien los calza, ¿verdad? Esta experiencia también me ha ayudado a ser más paciente, más empática de lo que podía haber sido hasta ese momento. Porque la teoría es muy fácil, pero cuando se mezclan las emociones todo se complica.

A los trece días de ingreso y después de comprobar que la niña ganaba peso y mojaba pañales correctamente, le retiraron el suplemento de leche materna en biberón y pasamos a lactancia materna exclusiva directamente al pecho. Quince días después del ingreso recibimos el alta.

Muchas veces se me pasó por la cabeza el pensamiento de que lo único que quería era que mi hija viviera. La lactancia era secundaria en ese momento por muy importante que fuera para mí. Me cortaría la leche si era necesario, le daría lo que fuera si eso hacía que saliera adelante... ¡Qué de cosas piensa una cuando está en crisis! Sin embargo sé que si ese mismo comentario lo hubiera recibido de terceras personas, no sé cómo lo hubiera encajado. No era eso lo que necesitaba escuchar. Nunca, nunca, jamás le digas a una madre que desea amamantar que no pasa nada por darle un biberón. Porque no es eso lo que necesita escuchar. Valida sus emociones, porque es realmente lo que necesita. Nada más.

Ahora mismo mi hija tiene 9 meses. No acepta tetinas de ningún tipo, ni nada que se le parezca. No quiere chupete. Siempre he creído que su experiencia en los primeros días ha tenido mucho que ver con esto. Ahora que me acabo de reincorporar a mi puesto de trabajo, hemos tenido que buscar otras formas, diferentes a las habituales, para que en la escuela infantil le ofrezcan mi leche extraída. Se la dan en un vasito de aprendizaje. Sólo así ha aceptado tomarla. Seguimos felices y disfrutándonos. Superando poco a poco los miedos y sabiendo que esta experiencia nos ha hecho más fuertes y nos ha cambiado la vida en muchos aspectos.

Cuando supe que se ponía en marcha por fin el banco de leche humana en Cantabria, tuve claro que quería colaborar. Para mí esta experiencia como donante ha sido y sigue siendo una forma de sanarme, de devolver todo el bien que mi hija, mi familia y yo hemos recibido. Y lo hacemos intentando ayudar a otros bebés cuyas mamás no han podido hacerlo. Es increíble la cercanía, el mimo y la rigurosidad con la que es tratado cada mililitro de leche donada y la maravillosa labor que se lleva a cabo con ella. Y aunque no sé muy bien por qué y la relación que tiene esta labor con mi experiencia, lo cierto es que me ayuda a ir cerrando algunas heridas.

Quiero aprovechar, aunque no sé si les llegarán estas palabras alguna día, para agradecer a todo el equipo de profesionales del área de neonatología del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla por el trato cercano y humano que nos brindaron. Por la paciencia que tuvieron con nosotros, por cada sonrisa y por cada palabra de aliento. También por todo lo que facilitó las cosas el hecho de ser unidad de puertas abiertas, sobre todo para nuestra salud mental... Y en especial dar las gracias a Estíbaliz Alegría, neonatóloga encargada de mi hija. GRACIAS por tu cercanía, por demostrar a cada momento el cariño y la pasión que le pones a tu trabajo, por sacar a esos pequeños y pequeñas luchadoras adelante.

Verónica Saseta

lunes, 26 de febrero de 2018

El destete: ¿duelo o comienzo de una nueva etapa?

Muchas madres, una vez instaurada y llevada a cabo una lactancia larga y satisfactoria con sus hij@s, acuden a nuestros encuentros para preguntar cómo hacer para que ésta termine porque creen que ya ha durado lo suficiente, porque el pecho les hace daño, porque las noches entre toma y toma se han vuelto insoportables, o simplemente porque para ellas ha llegado el momento de pasar página y empezar a disfrutar de sus pequeñ@s sin teta mediante. Por esto hemos decidido desde nuestra asociación dedicar una serie de artículos de nuestro blog al tema del destete, un momento de separación a veces duro para las madres y l@s niñ@s pero que, sin embargo, puede volverse tierno y satisfactorio para la pareja madre-bebé. Hemos decidido recopilar algunas de nuestras experiencias personales con el destete para ofrecer versiones de cómo llevarlo a cabo y, sobre todo, para quitar miedos y proporcionar confianza a las madres que deciden dar este paso. No pretendemos ofrecer modelos a seguir sino reflejar diferentes experiencias de diferentes mujeres, quizás te reconozcas en alguna.


El destete de Markel y Ágata

Markel no tenía ni un añito y medio cuando me quedé embarazada de Ágata, y seguía tomando teta. Había oído hablar del amamantamiento en tándem pero no me veía, me parecía demasiado darle el pecho a dos niños a la vez, y los últimos meses de embarazo - Markel tenía dos años y tres meses - lo confirmaron: mis pezones se habían vuelto hipersensibles, me dolían mucho y empezaba a sufrir lo que solemos llamar "agitación por amamantamiento", una sensación de rechazo que tenemos algunas mujeres cuando nuestros hij@s maman. Entendí que había llegado nuestro momento. El fin de nuestra simbiosis física más animal. Me dio pena pero para mí estaba claro: había llegado el momento de destetarle.

Siendo mi primer hijo, creí que iba a ser imposible. La teta era para Markel el primer consuelo y no se dormía sin ella. Sin embargo, el aumento del volumen de mi barriga dificultaba nuestra unión y notaba que él también empezaba a sentirse incómodo: quizás una primera señal del comienzo de nuestra separación.

Decidí hablar con él con sinceridad. Con 2 años los niños entienden mucho más de lo que creemos. Le dije que cuando mamaba me hacía mucho daño. Al principio pareció no entenderlo, pero la decisión estaba tomada y seguí en mi línea. Ya no había más teta porque a mamá le hacía daño.
La desesperación y los llantos duraron una semana o algo más: me parecía imposible que fuese a funcionar pero mi determinación era tanta que no cedí, y empecé a buscar otras formas de dormirle y calmarle. Lo intenté con masajes, con caricias en el pelo… nada parecía funcionar. Sin embargo un día, a la hora de la siesta, apoyó su cabecita en mi pecho y cayó rendido. La cabeza recostada en mi pecho: ésa fue nuestra solución. Ahí era donde él se sentía seguro y conseguía relajarse con el calor y el olor de su madre, y así cayó rendido en los brazos de Morfeo.

Como un reloj, a los dos años y 3 meses de vida de mi segunda hija Ágata, la agitación por amamantamiento volvió a visitarme y otra vez experimenté esa sensación de no querer que llegue el momento de mamar, de querer retrasarlo cada vez más, de no querer amamantar en público, de necesitar mi espacio y de que las tomas fueran cada vez más cortas.

Mis lactancias, que en total sumaron casi 5 años, se habían acabado. ¿Un duelo? En mi caso no tanto. Habían sido dos lactancias extremadamente satisfactorias, mis hijos estaban sanos y felices y sentía que iba a poder disfrutar de ellos de otras maneras, sin teta mediante.

Y así tomé la decisión con Ágata también. Esta vez los pechos no me dolían como durante el embarazo, así que decidí decirle algo diferente. Pero, ¿cómo explicarle a tu hija de una forma que no le duela que ya no hay teta para ella, que ya no se la quieres ofrecer? ¿Qué mensaje podría asimilar siendo tan pequeñita? 

Le dije que la leche se había acabado, que se la había tomado enterita y que ya no salía. Le dije que cada bebé cuando nace tiene una cantidad de leche que se toma hasta que se vuelve más mayor, y que cuando esta se acaba tiene que comer otras cosas. Unas mentirijillas piadosas a la altura de sus dos añitos.

Al principio no pareció estar conforme. Se volvía literalmente loca, gritando y casi pegándome. Por suerte, en los últimos meses fuimos acotando las tomas solo a los momentos de dormir; fuera de casa ya no tomaba teta y en casa, cuando me la pedía, intentaba distraerla con alguna otra cosa. Pero dormir sin teta...no había forma. Otra vez a buscar soluciones... ¿La siesta de la tarde? En coche. ¿Antiético, antinatural, antiecológico, antiergonómico y antiniño? Pues sí, pero o eso, o a partir de las 3 de la tarde empezaba la locura debida a su extremo cansancio. ¿Y por la noche? Pues poco a poco fuimos encontrando formas de dormir...la que más nos gustó fue en la cama con su hermanito y yo en el medio, los tres acurrucados bajo la manta después de leer unos cuentos. Nos costó unos días adaptarnos pero funcionó y me sorprendí de cómo empecé a disfrutar de ella de otras maneras.

Volví a sentirme poderosa. El pecho había supuesto para mí el empoderamiento máximo después del parto porque en sus primeros años de vida les proporcionaba a mis hijos todo lo que necesitaban: alimento, cariño, consuelo, amor, calor, contacto piel con piel. Sin embargo, ahora se trataba de un poder distinto, porque ya mis hijos no me identificaban solo con la teta: ahora yo era también pelo, pecho, brazos, manos, piernas y podía solucionar las cosas con caricias, besos, tiritas, abrazos, risas y palabras.

Se cerró para nosotros una época preciosa y se abrió otra nueva e igual de maravillosa.  

Marta Parisi

domingo, 21 de enero de 2018

De banda sonora, un sacaleches


Estuve 39 semanas preparando la llegada de mi hija. 39 semanas preparándome mentalmente para traer a mi hija al mundo de la manera más natural y respetuosa posible, leyendo y trabajándome emocional y físicamente para la llegada de ese maravilloso momento. 

Con algunos matices, lógicamente, pero el recuerdo que mantengo de ese instante es irrepetible. Sentir a mi hija sobre mi pecho recién salida de mis entrañas. Aún recubierta por la vérmix, encogidita, y haciendo pequeños ruiditos, moviéndose sobre mí, oliéndonos y poniendo en juego los instintos más primarios. Conociendo a alguien que ya conoces...

Pero a veces, cuando estás viviendo uno de los sueños más dulces, ocurre que pasan cosas para las que nadie te prepara, y cuando tu hija apenas cuenta con 48 horas de vida, ésta es ingresada en una UCI neonatal. Y es entonces cuando el mundo se te hace trizas. 

Mi hija entraba en apnea. Sencillamente dejaba de respirar. Como desconocían el origen de esos episodios, decidieron retirarle cualquier tipo de alimento. No puedo explicar con palabras lo que sentía en aquellos momentos. El miedo, la incertidumbre, el DOLOR, el cansancio, la culpa, la rabia. Mi hija lloraba reclamando alimento y yo con mis pechos llenos sólo podía decirle que tenía que tener paciencia... Que no había venido a este mundo para esto, que la vida no era esto. Que todo era circunstancial, temporal. Pero lo cierto es que no tenía ni idea de lo que iba a ocurrir. Toda llena de cables y monitores por todas partes que ni el calor de mis brazos podía brindarle. 

Pregunté si podían facilitarme algo para extraerme leche y enseguida me entregaron mi "kit de extracciones". Me acompañaron hasta la sala de lactancia, y allí estaba yo. Sola. Con los ojos llenos de lágrimas y pensando si tenía sentido. Acompañada por unas luces blancas cegadoras y un silencio sepulcral de madrugada. Recuerdo que mientras las gotas de calostro iban saliendo, fui abandonando poco a poco todos los grupos de Waths app con un audio de despedida. Decía adiós. Pedía que se respetara mi silencio y mis tiempos. No alcancé a extraer más de 10 ó 20 mililitros de calostro, que se perdían en aquel bote transparente que me habían facilitado para su almacenaje.

... Y así fui yendo y viniendo por aquel silencioso pasillo rigurasomente cada tres horas. Aquel se había convertido en mi momento de soledad. No recuerdo todas las veces que lloré. Todas las veces que soñé los mil posibles finales de aquella historia mientras el sacaleches bombeaba mis pechos. 

Casi sin darme cuenta aquellos anecdóticos 10 ó 20 mililitros de líquido amarillento que al principio se perdían en aquellos botes de recogida de leche, se fueron convirtiendo en un líquido blanco y más abundante. A lo largo de los días siguientes decidí llevar mi propio sacaleches. Probé diferentes tallas de embudo: Inicialmente la 30, la 27, la 24... Hasta que me di cuenta que las extracciones eran muchísimo más eficaces con la intermedia. 

Y cada tres horas la misma operación. De día y de noche... Masaje en los pechos... Extractor en marcha... Otro bote más a entregar para congelar. ¿Serviría finalmente para algo aquella leche? ¿Serviría para algo aquel trabajo de instauración y mantenimiento "artificial" de mi producción de leche? Al octavo día de ingreso contabilicé las cantidades extraídas a lo largo de todo el día. Algo que no había hecho hasta entonces no sé muy bien por qué... Superaban los 800 mililitros. ¿Era mucho? ¿Era suficiente? Parece ser que sí lo era. 

Nos dieron por fin la noticia. La niña tenía que empezar a comer de nuevo. Aquel trabajo no había sido en vano... Ponerla al pecho tendría aún que esperar de momento, pero la niña no podía estar eternamente a base de suero y sin alimentarse. Necesitaban comprobar la cantidad de leche que ingería y si ésta le causaba algún tipo de reacción, por lo que las primeras tomas serían en biberón y el alimento se introduciría muy lenta y paulatinamente. 10 mililitros tomó la primera vez. 10... Y no puedo olvidar la cara de éxtasis en el rostro de mi hija. Apenas 4 ó 5 succiones necesitó para terminarlos, pero no cabe duda de que le supieron a gloria...

Tras varios días en los que no hubo ningún tipo de reacción adversa me propusieron ponerla al pecho primero y luego ofrecerle el biberón con mi leche extraída. Ni los conocimientos que tenía, ni la experiencia que he ido adquiriendo asesorando a otras madres, me sirvió para ahuyentar todas mis dudas y los miedos que de repente volvieron a  taladrarme la cabeza. 

[Continuará]

Verónica Saseta