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lunes, 29 de marzo de 2021

10 años - Un relato de nuestra compañera Noemí






10 años se dice pronto, pero lo cierto es que ha sido una década criando a mis tres cachorros. 

10 años desde que nació mi hijo mayor, aunque yo me sintiera madre antes incluso de concebirle.
 
10 años de risas y lágrimas, porque seamos sinceras, la maternidad tiene momentos de gran alegría y también está lleno de sombras que en momentos nos ahogan. 

10 años en los que he dado teta casi sin parar, ese cordón umbilical de leche materna que nos une a los 4.

Nunca creí que fuera a pasar así, si alguien me lo hubiera dicho cuando mi mayor aún era un bebé de semanas me hubiera reído a carcajadas. Pero la vida va pasando y para mí la opción fácil siempre fue la teta, imposible plantearme destetar porque no creía tener recursos para gestionar mis propias emociones y las de mis criaturas. 

Mi opción fue seguir hasta que ya no quisieran más y en momentos me sentí un cero a la izquierda por no escucharme y a momentos me sentía en paz y confiada. 

10 años dan para mucho y yo siento que ya he pasado de etapa, que la crianza más visceral queda en el recuerdo y en el corazón. Me siento profundamente agradecida de todo lo vivido y estoy deseosa de poder vivir la siguiente fase, esta vez "soltando su mano al andar y ya de reojo les intentaré cuidar", como dice la canción de Conchita.


Este es el enlace a la canción:


Si te apetece contarnos y compartir tu experiencia con la lactancia materna, no dudes en escribirnos, ¡publicaremos tu historia encantadas!

lunes, 6 de enero de 2020

A mi pequeña:


La primera vez que me preguntaron por nuestra lactancia, mi respuesta fue "6 meses", y mira hasta dónde hemos llegado.

Pero llegadas a este punto, yo ya no quiero más. Ojalá hubieras elegido tú.

Durante el día ya llevábamos meses distanciadas y sin amarguras ni problemas. Pero ya las noches, que nunca en casi año y medio habían sido maravillosas pero descansábamos ambas en ciclos de 2-3 horas, pasaron a ser continuas mini-teta-sesiones cada hora o menos. Y eso ha sido lo que me ha podido. Agotada, con dolor de espalda de posturas imposibles y dolores de cabeza cada vez más habituales; triste por dentro, por sentirme mal porque me reclamas y sentir por dentro que me enfado, que no quiero... Y no es que sea egoísta, sino que necesito estar bien para cuidar de ti. No mereces que no esté al 100% por ti.

Así llegó el día, bueno la noche, en que dije basta. Y hubo lágrimas, sí , tuyas y mías; pero sobrevivimos ambas. Y ya pasé de ser teta a ser mamá, la que te arropa y la que te duerme cantando, o con cuento, o con historias, o contando estrellas u ovejitas... Entre lloriqueos y lagrimillas, mientras tus manitas buscan el contacto de mi pecho.

Pasarán los días y ya no nos acordaremos, y solo recordaremos nuestras miradas, nuestras sonrisillas y juegos mientras mamabas, tus sueños en mis brazos. Mi pecho fue tu alimento y mucho más... Con eso me quedo. Haberte dado el mejor regalo a través de mí.

Lloro sí, pero en parte de pena y en parte de alegría. Por haber decidido yo. Por las lágrimas... Pero también por 22 meses. Por casi 2 años. Creo que sí, que podemos felicitarnos, que no lo hemos hecho nada mal. 

Comienza un nuevo año. Y para nosotras, otros nuevos retos que superar. ¿No te parece, pequeña?

Te quiero, 


Mamá
Lorena González

martes, 26 de marzo de 2019

EL DESTETE: Una fase más de la lactancia.

En este artículo voy a hablaros del destete como un proceso más dentro de la lactancia.

Suele ocurrir que a las asesoras o a los propios grupos de apoyo a veces se nos tacha de ser extremistas y poco tolerantes respecto al destete precoz o a la propia decisión de no iniciar la lactancia materna, o de nuestro presunto afán de "obligar" o persuadir a la madre para que continúe con su lactancia a pesar de todo. Es un pensamiento erróneo que tienen muchas personas, ya que la labor de una buena asesora comprometida y responsable, pasa por acompañar las decisiones de la madre, sean estas cuales sean sin enjuiciarlas. Y eso incluye el acompañamiento en el destete.

Hay muchos motivos por los que una madre puede tener la necesidad de finalizar su lactancia o interrumpir su producción de leche. Cada caso es único y hacer una lista podría ser casi imposible. Pero aquí podemos hacernos una ligera idea de las principales causas:
  • Sencillamente no quiere iniciar la lactancia, pero no puede evitar que fisiológicamente ésta no se vaya a desencadenar. 
  • Una vez iniciada, quiere interrumpirla. 
  • Pérdida gestacional o perinatal. 
  • Tras un tiempo de lactancia gozosa, quiere acabar con la lactancia. Ha pasado a otra fase, comienza una nueva etapa. 
  • Destete espontáneo y dirigido por el bebé. 
  • Enfermedad o tratamiento médico (Consultar siempre compatibilidad o alternativas en www.e-lactancia.org) Agitación del amamantamiento. 
  • ... 

Todas estas opciones son lícitas y en cada caso habrá que hacer un estudio pormenorizado de la situación, evaluar la realidad de cada madre y a partir de ahí, hacer un plan personalizado con cada mujer. A veces simplemente se trata de ir estableciendo pequeñas metas e ir avanzando en ellas; otras veces esto no será posible y habrá que abordar la situación de manera repentina y brusca. Como en todo, cuando ponemos demasiadas expectativas en algo, puede suceder que las cosas no ocurran como las habíamos planeado y eso nos lleve a una tremenda frustración.

Ante la cuestión de cuál es el momento para destetar en el ser humano, los estudios indican que la edad natural en que se puede producir oscila entre los dos años y medio y los siete años. Y tanto si se produce en una u otra edad, se considera normal. Incluso, si se produce antes o después, también lo es, ya que hablamos de un dato estadístico; siempre habrá muestras que queden por encima o por debajo de dicha franja. Hago hincapié en un matiz, "de manera natural".

También cabe destacar que el proceso de destete podríamos decir que comienza en el momento que empezamos a introducir la alimentación complementaria. Y espero que se entienda el concepto. Lo que vengo a decir es que ese es el inicio del camino, no necesariamente quiero significar que introducir la alimentación complementaria implique el destete inminente en sí. A partir de ahí, cada diada avanzará en ese camino de una u otra manera.

Aunque la situación ideal es que el destete se produzca de manera paulatina, natural y respetuosa, es decir, considerando los ritmos y necesidades de ambas partes (madre y bebé), lo cierto es que cada realidad es un mundo, y no siempre es posible que el final de la lactancia llegue de ese modo. En cualquier caso, nunca deberíamos juzgar el motivo que lleva a una madre a interrumpir de manera unilateral una lactancia, su lactancia. Sean los que sean, habrá unos motivos detrás: físicos, emocionales, laborales,... que para ella tendrán el peso suficiente.

Aquí os voy a hablar de cuatro casos concretos en los que, aunque el estado emocional de la madre puede distar mucho, el manejo fisiológico es el mismo o muy similar.
  • Cómo manejar una inhibición cuando una vez iniciada la lactancia no se quiere continuar con ella.
  • Cómo manejar un destete de manera brusca por voluntad propia. 
  • Cómo manejar un destete de manera brusca por fuerza mayor. 
  • Cómo manejar un caso de pérdida gestacional o perinatal. 

Lo que diferencia estas casuísticas de algún modo es el poder de decisión que haya podido tener la madre, las variantes que pueden rodear y motivar esa necesidad de abandonar la lactancia, y como decía, el factor emocional de la situación.

Cuando hablamos de pérdida gestacional o perinatal nos centramos en la gran pérdida que está viviendo esa madre, esa familia. Además, la pérdida siempre es un tema tabú del que no se habla o del que nos cuesta mucho hablar. Sin embargo es un proceso vital que debemos elaborar, que debemos vivir para ir sanando las heridas. Sostener a esa madre, acompañarla en ese duelo o dejarla si es lo que necesita; no juzgarla en las decisiones que tome y escucharla cuando necesite ser escuchada, son factores clave.

En lo que respecta a la lactancia cuando ocurre una pérdida gestacional o perinatal, pasa que en algunos casos no se deja tomar la decisión a esa madre sobre qué hacer. O sencillamente se toma la decisión por ella dando por sentado lo que querrá hacer.

En función de la semana de gestación en la que ocurra la pérdida, es o puede ser un hecho que la lactancia se desencadene (a partir de la semana 20 e incluso antes), y a pesar de la pérdida, la subida de la leche se produzca. Nadie que no sea la madre, tiene el poder de decidir si esa producción láctea ha de ser interrumpida o no. Sólo la madre debería tener esa capacidad, alejando órdenes imperativas e infantilizándola con "lo que mejor le conviene". Decidir seguir extrayendo su leche como parte del duelo, o interrumpir la producción de leche; y en este último caso, y del mismo modo, decidir si lo hará de manera brusca y con ayuda de fármacos o de manera paulatina y natural.

Quizá pueda parecer difícil entender que una mujer quiera continuar produciendo una leche que era para un bebé que ya no está, pero sencillamente, aunque cada mujer tendrá sus motivos, podríamos pensar que es un modo de despedirse, de decir adiós a ese bebé que jamás podrá volver a tomar entre en sus brazos, una despedida sin prisas, despacito y a su ritmo. Es una decisión muy personal y sea cual sea la decisión debería ser respetada sin juicios. En este artículo puedes ampliar información sobre este tipo de situaciones.

Un destete que se tenga que producir por fuerza mayor, por enfermedad, o porque la madre tenga que recibir un tratamiento que no se pueda postergar en el tiempo y del que depende su buena salud y bienestar, también puede implicar un duro golpe a nivel emocional en la madre.

En estos casos, habrá que, primero de todo, comprobar que efectivamente esa pauta es adecuada. Ocurre en muchos casos (lamentablemente en más de los que sería deseable) que se prescribe un destete y el tratamiento y/o la enfermedad eran perfectamente compatibles con la lactancia materna, sin riesgo para el bebé o para la madre. Una fuente fiable de consulta siempre es www.e-lactancia.org, y realmente son muy pocas las enfermedades o tratamientos que no son compatibles con la lactancia.

¿CÓMO LLEVAR A CABO EL DESTETE DE MANERA FISIOLÓGICA? 

Creo que es importante resaltar que los fármacos que se utilizan para interrumpir la lactancia, generalmente la cabergolina, pueden no ser efectivos cuando la lactancia ya está instaurada. Este fármaco es eficaz cuando se administra dentro de las primeras 24 horas tras el parto, causando un descenso brusco en los niveles de prolactina, y puede ocurrir en ocasiones que aun así, sea necesaria una segunda dosis.

Las recomendaciones para llevar a cabo el destete de manera fisiológica pasan fundamentalmente por:
  • Se recomienda utilizar un sujetador que no sea demasiado holgado, pero atrás quedó ya la vieja pauta en la que se mandaba fajar y comprimir a las madres el pecho. Esta práctica no es recomendable, más bien todo lo contrario. Por tanto, las mamas deberán estar bien sujetas, con un sostén que las contenga bien pero en ningún caso las "estrangule".
  • Para ir reduciendo la producción de leche poco a poco, habrá que dejar que los pechos se llenen y hacer pequeñas extracciones si hubiera molestia (lo justo y necesario) para aliviarlos, preferiblemente con extracción manual. Por eso es importante en esta etapa observar y vigilar el pecho para evitar posibles obstrucciones, incluso mastitis. 
  • La producción de leche funciona según la ley de la oferta y la demanda. Por tanto, si no hay demanda, poco a poco la producción irá disminuyendo. Es posible que en algunos días ya no se necesite hacer ninguna pequeña extracción. Después de la extracción se puede aplicar frío local.
  • Es importante tener en cuenta que este es un proceso que requiere tiempo y paciencia ya que puede llevar algunas semanas.
  • Puede ser necesario tomar algún tipo de antiinflamatorio, pero como sabes, la medicación sólo debe pautarla un médico. 
Hay casos en los que el tiempo no apremia y se quiere llevar a cabo un destete, pero de manera más progresiva y sin prisas. Para ello existen diferentes herramientas, como la de "no ofrecer, no negar", o el "método padre", negociar o entretener a los niños y las niñas con otras actividades, etc. En esta forma de llevar a cabo el destete entran en juego factores como la edad que tenga el niño o la niña, su propia personalidad, el entorno, o las circunstancias del momento.

Verónica Saseta.

lunes, 26 de febrero de 2018

El destete: ¿duelo o comienzo de una nueva etapa?

Muchas madres, una vez instaurada y llevada a cabo una lactancia larga y satisfactoria con sus hij@s, acuden a nuestros encuentros para preguntar cómo hacer para que ésta termine porque creen que ya ha durado lo suficiente, porque el pecho les hace daño, porque las noches entre toma y toma se han vuelto insoportables, o simplemente porque para ellas ha llegado el momento de pasar página y empezar a disfrutar de sus pequeñ@s sin teta mediante. Por esto hemos decidido desde nuestra asociación dedicar una serie de artículos de nuestro blog al tema del destete, un momento de separación a veces duro para las madres y l@s niñ@s pero que, sin embargo, puede volverse tierno y satisfactorio para la pareja madre-bebé. Hemos decidido recopilar algunas de nuestras experiencias personales con el destete para ofrecer versiones de cómo llevarlo a cabo y, sobre todo, para quitar miedos y proporcionar confianza a las madres que deciden dar este paso. No pretendemos ofrecer modelos a seguir sino reflejar diferentes experiencias de diferentes mujeres, quizás te reconozcas en alguna.


El destete de Markel y Ágata

Markel no tenía ni un añito y medio cuando me quedé embarazada de Ágata, y seguía tomando teta. Había oído hablar del amamantamiento en tándem pero no me veía, me parecía demasiado darle el pecho a dos niños a la vez, y los últimos meses de embarazo - Markel tenía dos años y tres meses - lo confirmaron: mis pezones se habían vuelto hipersensibles, me dolían mucho y empezaba a sufrir lo que solemos llamar "agitación por amamantamiento", una sensación de rechazo que tenemos algunas mujeres cuando nuestros hij@s maman. Entendí que había llegado nuestro momento. El fin de nuestra simbiosis física más animal. Me dio pena pero para mí estaba claro: había llegado el momento de destetarle.

Siendo mi primer hijo, creí que iba a ser imposible. La teta era para Markel el primer consuelo y no se dormía sin ella. Sin embargo, el aumento del volumen de mi barriga dificultaba nuestra unión y notaba que él también empezaba a sentirse incómodo: quizás una primera señal del comienzo de nuestra separación.

Decidí hablar con él con sinceridad. Con 2 años los niños entienden mucho más de lo que creemos. Le dije que cuando mamaba me hacía mucho daño. Al principio pareció no entenderlo, pero la decisión estaba tomada y seguí en mi línea. Ya no había más teta porque a mamá le hacía daño.
La desesperación y los llantos duraron una semana o algo más: me parecía imposible que fuese a funcionar pero mi determinación era tanta que no cedí, y empecé a buscar otras formas de dormirle y calmarle. Lo intenté con masajes, con caricias en el pelo… nada parecía funcionar. Sin embargo un día, a la hora de la siesta, apoyó su cabecita en mi pecho y cayó rendido. La cabeza recostada en mi pecho: ésa fue nuestra solución. Ahí era donde él se sentía seguro y conseguía relajarse con el calor y el olor de su madre, y así cayó rendido en los brazos de Morfeo.

Como un reloj, a los dos años y 3 meses de vida de mi segunda hija Ágata, la agitación por amamantamiento volvió a visitarme y otra vez experimenté esa sensación de no querer que llegue el momento de mamar, de querer retrasarlo cada vez más, de no querer amamantar en público, de necesitar mi espacio y de que las tomas fueran cada vez más cortas.

Mis lactancias, que en total sumaron casi 5 años, se habían acabado. ¿Un duelo? En mi caso no tanto. Habían sido dos lactancias extremadamente satisfactorias, mis hijos estaban sanos y felices y sentía que iba a poder disfrutar de ellos de otras maneras, sin teta mediante.

Y así tomé la decisión con Ágata también. Esta vez los pechos no me dolían como durante el embarazo, así que decidí decirle algo diferente. Pero, ¿cómo explicarle a tu hija de una forma que no le duela que ya no hay teta para ella, que ya no se la quieres ofrecer? ¿Qué mensaje podría asimilar siendo tan pequeñita? 

Le dije que la leche se había acabado, que se la había tomado enterita y que ya no salía. Le dije que cada bebé cuando nace tiene una cantidad de leche que se toma hasta que se vuelve más mayor, y que cuando esta se acaba tiene que comer otras cosas. Unas mentirijillas piadosas a la altura de sus dos añitos.

Al principio no pareció estar conforme. Se volvía literalmente loca, gritando y casi pegándome. Por suerte, en los últimos meses fuimos acotando las tomas solo a los momentos de dormir; fuera de casa ya no tomaba teta y en casa, cuando me la pedía, intentaba distraerla con alguna otra cosa. Pero dormir sin teta...no había forma. Otra vez a buscar soluciones... ¿La siesta de la tarde? En coche. ¿Antiético, antinatural, antiecológico, antiergonómico y antiniño? Pues sí, pero o eso, o a partir de las 3 de la tarde empezaba la locura debida a su extremo cansancio. ¿Y por la noche? Pues poco a poco fuimos encontrando formas de dormir...la que más nos gustó fue en la cama con su hermanito y yo en el medio, los tres acurrucados bajo la manta después de leer unos cuentos. Nos costó unos días adaptarnos pero funcionó y me sorprendí de cómo empecé a disfrutar de ella de otras maneras.

Volví a sentirme poderosa. El pecho había supuesto para mí el empoderamiento máximo después del parto porque en sus primeros años de vida les proporcionaba a mis hijos todo lo que necesitaban: alimento, cariño, consuelo, amor, calor, contacto piel con piel. Sin embargo, ahora se trataba de un poder distinto, porque ya mis hijos no me identificaban solo con la teta: ahora yo era también pelo, pecho, brazos, manos, piernas y podía solucionar las cosas con caricias, besos, tiritas, abrazos, risas y palabras.

Se cerró para nosotros una época preciosa y se abrió otra nueva e igual de maravillosa.  

Marta Parisi

jueves, 16 de enero de 2014

"No hay evidencia científica de ningún daño por dejarle mamar al niño los años que quiera", entrevista a Kathy Dettwyler


la duracion de la lactancia

Hablamos con Kathy Dettwyler, una de las mayores especialistas mundiales en la antropología de la lactancia, sobre los aspectos culturales que influyen en el amamantamiento.
 
¿Hasta qué punto es natural y hasta qué punto es cultural la duración de la lactancia?
La duración de la lactancia puede ser 100% cultural, como en el caso de aquellos muchos niños que nunca llegan a mamar sino que empiezan desde que nacen tomando leche artificial.


¿Hay muchas variaciones culturales al respecto de la duración de la lactancia?
Distintos grupos culturales te
ndrán pautas comunes o típicas que muchas madres seguirán porque se les han enseñado que es mejor para el niño.