El sábado 22 estás invitada al picnic de La Buena Leche junto a tu familia y amig*s. Es una ocasión estupenda para intimar en un entorno relajado y que l*s niñ*s se diviertan jugando

viernes, 7 de junio de 2019

PICNIC ANUAL 2019




¿Cuándo será?  Sábado, 22 de junio de 2019. Sobre la 13:00 horas, aunque si quieres aprovechar el día y te apetece llegar antes, nos iremos encontrando allí. 😉
¿Dónde nos encontraremos? En la campa del Centro Cívico de Maoño (Bezana), calle La Jaya 6 E, que además de columpios, prado, bolera y baños, cuenta con instalaciones que podemos utilizar en caso de lluvia.
¡Y qué llevo! Comida y bebida para compartir, y opcionalmente: sillas, mantas, juegos, y todo lo que se os ocurra para contribuir al disfrute de todos.
¿Cómo llego allí?: Desde la autovía A-67 Santander-Torrelavega, tomar salida 197 Bezana-Mompía-Liencres dirección a Bezana y Maoño. Una vez subida la cuesta hasta el alto San Mateo, girar a la izquierda junto al Mesón El Peñón. Continuar hasta bajar al valle. Veremos el parque y bolera a la derecha.

¡Os esperamos!

miércoles, 5 de junio de 2019

Taller de sexualidad femenina

Por distintas circunstancias de la vida, en muchas ocasiones las mujeres dejamos de lado una faceta primordial para el ser humano: nuestra sexualidad. Bien por problemas físicos tras la maternidad, por cambios psicológicos según nuestra etapa vital, por incompatibilidad de horarios, rutinas, por costumbres adquiridas… Por distintas razones, apartamos el sexo de nuestra vida sin ser conscientes de todo lo que eso supone, desde un distanciamiento con nuestra pareja hasta una separación de nosotras mismas, una disociación de nuestros diferentes roles de mujer.

En este taller, aprenderemos a reconocer en qué etapa vital y sexual estamos, cuáles son nuestras necesidades reales y las creencias erróneas que no nos permiten sentirnos satisfechas en todas las áreas emocionales. Este trabajo, resultará en un incremento de nuestra autoestima y nuestro autoconcepto, Además, nos permitirá retomar de una forma sana y positiva nuestra sexualidad y con ello, mejorar nuestra relación de pareja, no sólo a nivel físcio sino lo más importante, a nivel emocional.

"Reconectaremos con nuestro instinto, con nosotras mismas para reconectar con el mundo" 

Desde la Asociciación La Buena Leche y con la colaboración de María González Bueno de Desaprende, tenemos el placer de proponerte este interesante taller.

Dirigido a: Mujeres, en cualquier etapa vital y con independencia de sus circunstancias.
Nº de plazas: 30 plazas. (Las plazas se asignarán por riguroso orden de inscripción)
Cuándo: 15 de junio de 2019
Duración: 4 horas (De 11:00 a 13:00 y de 15:00 a  17:00)
Precio: Gratuito para socias de La Buena Leche. 20 € para no socias.

sábado, 1 de junio de 2019

CAMBIO DE LUGAR DEL ENCUENTRO DE TANOS



Como muchas sabréis por la prensa, en el centro cívico de Tanos (Torrelavega), sede de uno de los Encuentros de LBL, se ha desprendido el techo del salón de actos y todavía se encuentra en obras, por lo que hemos buscado otro emplazamiento para reunirnos en el martes 11 de junio. Será en el Centro de Emprendedores de Torres (Torrelavega), en el horario habitual, de 17:00 a 19:00.



Hay poco aparcamiento justo al lado, pero se puede dejar el coche en la calle de abajo, o más arriba, en la iglesia.

domingo, 19 de mayo de 2019

RELATO DE UN PARTO: "De casa al hospital"

Hace treinta y dos años viví mi primer embarazo, y decidimos que el parto fuera en casa. Queríamos que fuera lo más natural posible, estar acompañada de mi pareja, que se respetaran los tiempos, mi movilidad, que fuera cálido y entrañable, que no me rasurasen ni hicieran episiotomía por rutina, que se respetara que el cordón dejara de latir, que pudiera ponerme a mi criatura encima desde el primer momento para dejar que se pusiera a mamar lo más pronto posible, que su acogida fuese amorosa y no violenta… Todo cosas que hoy en día, treinta años después, parecen bastante normales y que son contempladas en muchos hospitales, pero que entonces eran impensables. Me atendía cerca de Oviedo una pareja de médicos que por su gran calidad humana se convirtieron en admirados y amados amigos.

Debido a una serie de circunstancias, llegó un momento durante el transcurso del parto en que decidimos ir al hospital. La acogida fue dura por venir de un parto en casa, pero conseguimos que dejaran que se quedaran acompañándome mi médico y mi pareja. Nos tocó una matrona que acababa de reincorporarse a su puesto de trabajo debido a que su marido había sufrido una penosa enfermedad y había fallecido, tema que nos relató con detalle, y que nosotr*s aguantamos con la esperanza de no indisponernos más con el personal y conseguir que nos concedieran retrasar el corte del cordón y hacer el piel con piel. No obstante, para mí era muy difícil estar de parto con esa charla, tumbada en una camilla, cubierta con una sabanilla y con la matrona sentada encima para impedir que me moviera. Con la oxitocina sintética puesta, cuando me venía una contracción dejaba que mi voz saliera con fuerza en lo que a mí me parecía una especie de canto que acompañaba mi respiración y a la vez también protesta por la conversación que escuchaba, y debido a eso la matrona se encontró con derecho de golpearme enérgicamente los muslos en varias ocasiones. En un determinado momento y sin previo aviso, me puso una inyección en la pierna. Me sentí tratada como si fuera una niña consentida a la que “hay que pegar un par de sopapos”, lo que yo pudiera decir no valía nada.

Cuando cerca de la medianoche por fin entramos en el paritorio, con sus fuertes focos, se produjo una discusión entre la matrona y mi médico de casa porque ella se empeñó en hacerme la episiotomía y en cortar el cordón inmediatamente. Me parecía estar en medio de una batalla, me sentía triste, agotada, y deseando que acabase todo. Cuando al final salió mi hijo como un hermoso pez, tuvimos un minuto para mirarnos y enamorarnos antes de que nos separaran y me tuvieran toda la noche en observación, medio drogada. Me habían robado mi parto.

Yo en esos días no fui consciente de la ruptura del vínculo con mi bebé pues, como cualquier madre, me sentía muy feliz con él. Fue necesario que se produjera la lenta recuperación de ese vínculo primordial a través de la lactancia para darme cuenta de la gran diferencia que había con el sentimiento de los primeros días. El trauma vivido durante mi primer parto me acompañó durante años.

Han pasado tres décadas. El parto en casa sigue siendo minoritario en occidente, pero a la vez se ha extendido entre mujeres concienciadas e informadas. En algunos países es una opción generalizada dentro de la sanidad pública. Los partos hospitalarios ya permiten el acompañamiento de la mujer por una persona allegada, ya no rasuran, la episiotomía es algo menos frecuente, se permite la deambulación durante la dilatación, se fomenta el piel con piel… Indudablemente hemos avanzado en sensibilidad, y poco a poco seguimos mejorando gracias al movimiento de mujeres organizadas, como la asociación El Parto Es Nuestro, y a profesionales concienciados, especialmente en el sector de matronas.

Pero como en todo avance, se produce también un movimiento en contra, de resistencia, que no solo alerta con información sesgada de los grandes peligros del parto en casa sino que también se considera con derecho para detener a una mujer en pleno proceso e ingresarla a la fuerza por orden judicial en un hospital (de nuevo en Oviedo) por la única e insuficiente razón de que su gestación pasaba de las cuarenta y dos semanas. Nos siguen tratando como si fuésemos niñas consentidas que necesitamos “un par de sopapos”. A pesar de los avances, ¡cuánto nos queda por trabajar!

Os animo a todas aquellas que os sintáis identificadas a que os unáis a otras, os manifestéis, os hagáis oír… para que en nuestra sociedad desarrollada las mujeres podamos elegir nuestro parto libremente, y nuestr*s hij*s puedan nacer en un entorno sin violencia. Como dice el obstetra Michel Odent, “para cambiar el mundo primero hay que cambiar la forma de nacer”.

Isabel Gutiérrez del Campo


 

martes, 14 de mayo de 2019

RELATO DE UN PARTO: "Pletórica de una nueva sensación"

Desde que me quedé embarazada, una de las cosas que me producían cierta intriga, miedo, inquietud, o llamadlo como sea: era el parto. ¿Identificaría las contracciones? ¿Cómo llevaría el dolor? ¿Sería para tanto como cuentan? ¿Es tan mágico el momento en el que llega a este mundo tu pequeñ@?

Así que, con el tiempo por delante de un embarazo, comenzó mi labor de investigación. Leía a todas horas. Me había convertido en una mono-tema-lectora: cuidados del bebé, lactancia, embarazo y, cómo no, parto. Leía experiencias de otras madres, consejos de matronas y ginecólogos,… de todo. 

Acudí a las clases de preparación al parto de mi centro de salud y servir, no sé si me sirvieron de mucho, porque cuando llegaba la parte práctica en aquellas clases y tocaba "imaginad que os viene una contracción"; yo me sentía algo estúpida ¡cosa de primeriza claro! ¡Cómo iba a saber yo cómo era sentir una contracción de parto!

Mi embarazo fue bueno, y así llegamos al PT de las 40 semanas. Yo no sentía en mi cuerpo nada distinto salvo sentirme muy pesada, aunque mi yo interior ya se mordía las uñas por conocer a la personita que estaba gestando. Resultado del PT: no hay apenas contracciones. Nos ve la ginecóloga y estoy dilatada de 1 cm. Me habla de la maniobra de Hamilton. Yo ya había leído sobre ello y estábamos de acuerdo en que si nos informaban, no tendríamos problema en que nuestro parto fuera inducido por ese método. Tengo que reconocer que sí duele, pero la doctora paró en su realización tantas veces como le pedí, fue amable y nada brusca. Ahora tocaba volver a casa a esperar la efectividad o no, y si el parto comenzaba.

Aquella tarde me empecé a encontrar revuelta. Era una sensación muy parecida a estar premenstrual. Dolores que iban y venían. Recuerdo que no fui a la clase de gimnasia de embarazadas a la que acudía cada semana porque me sentía muy pesada, pero yo, todo fuera por ayudar a la causa, me preparé una gran taza de chocolate para merendar. Después de cenar, sentada en el fitball empecé a tener contracciones más regulares que registré hasta casi la medianoche, que decidimos ir al hospital. Fue en ese momento, al salir de casa, cuando rompí aguas.

Ya no volvería esa noche a casa. Ingresamos por rotura de bolsa, porque a pesar de dos horas con contracciones no había dilatado nada: ¡1 cm! Igual que en la mañana. Que desilusión. Nos llevan a la habitación de dilatación-paritorio y la matrona se queda conmigo a charlar un poco del plan de parto; en mi caso el libro del seguimiento del embarazo con todo anotado, pero ella me pidió que yo le contara lo que quería y en ese momento no me salió nada más que “cuida de mi hija y de mí”. Momento de miedito que me invadió porque ella me devolvió una sonrisa y fue sentirme tan entendida... Hablamos sobre cómo son los partos, la epidural y alguna cosa más que no recuerdo exactamente, y ya nos quedamos solos papá y yo. Deambulando por la habitación, charlando, respirando, contracción, respirando… dejando a mi cuerpo prepararse.

No puedo decir si llevaba mucho tiempo o no, y en una de esas contracciones expulsé ya el tapón pero como había bastante sangre avisamos a la matrona y, tras revisarme de nuevo, ya estaba de 4cm. Era el momento de ponerme la epidural. Lo peor a partir de ahí fue perder la deambulación. Estar tumbada e inmóvil fue horrible. Y la anestesia, aunque hizo que mi dolor no fuese a más, mantuvo la intensidad misma que cuando llegué. Le saqué a posteriori el lado positivo, pues a la hora del expulsivo era totalmente consciente de cuándo era el momento de empujar y ayudar a mi pequeña a nacer.

Allí tumbada a medio oscuras, de la mano de papá, le hacía llegar cada contracción en busca de una salida del dolor fuera de mí... Cuando regresó la matrona, ya tenía ganas de pujar y estaba dilatada. Ni siquiera dio tiempo a transformar aquella cama. Di a luz casi tumbada, en tres pujos. Sin desgarro ni episiotomía. En 7 horas y media, mi parto había terminado.

Por fin mi pequeña A estaba sobre mí. ¡Qué invasión de sensaciones! Estaba completamente pletórica de una nueva sensación que ha llenado mi corazón del amor más grande e incondicional que jamás había podido imaginar. ¡Qué maravilloso el piel con piel! Tan cerca, casi tan unidas como hacía unos minutos antes. Me enamoré, más aún si cabe, de lo que ya lo estaba antes de conocer a la personita que llevaba dentro. Había mucha gente a nuestro alrededor haciendo su trabajo con ella y conmigo, pero no nos molestaron nada. En mi mundo ya solo estábamos A, papá y yo. Sobre mi pecho, en aquella habitación, A comenzó nuestra aventura de la lactancia que aún perdura 15 meses después.

Lorena G.

lunes, 13 de mayo de 2019

Parir en libertad: Mi parto, mi cuerpo, mi decisión


Desde La Buena Leche mostramos nuestro apoyo y nos unimos al comunicado que los colectivos feministas andaluces han lanzado mostrando su apoyo a la madre de Oviedo, denunciando la violación de derechos que ha sufrido.

Esto solo tiene un  nombre y es: violencia obstétrica.

Por suerte, no todos y todas las profesionales piensan ni actúan igual.

Parir en libertad: Mi cuerpo, mi parto, mi decisión



martes, 26 de marzo de 2019

EL DESTETE: Una fase más de la lactancia.

En este artículo voy a hablaros del destete como un proceso más dentro de la lactancia.

Suele ocurrir que a las asesoras o a los propios grupos de apoyo a veces se nos tacha de ser extremistas y poco tolerantes respecto al destete precoz o a la propia decisión de no iniciar la lactancia materna, o de nuestro presunto afán de "obligar" o persuadir a la madre para que continúe con su lactancia a pesar de todo. Es un pensamiento erróneo que tienen muchas personas, ya que la labor de una buena asesora comprometida y responsable, pasa por acompañar las decisiones de la madre, sean estas cuales sean sin enjuiciarlas. Y eso incluye el acompañamiento en el destete.

Hay muchos motivos por los que una madre puede tener la necesidad de finalizar su lactancia o interrumpir su producción de leche. Cada caso es único y hacer una lista podría ser casi imposible. Pero aquí podemos hacernos una ligera idea de las principales causas:
  • Sencillamente no quiere iniciar la lactancia, pero no puede evitar que fisiológicamente ésta no se vaya a desencadenar. 
  • Una vez iniciada, quiere interrumpirla. 
  • Pérdida gestacional o perinatal. 
  • Tras un tiempo de lactancia gozosa, quiere acabar con la lactancia. Ha pasado a otra fase, comienza una nueva etapa. 
  • Destete espontáneo y dirigido por el bebé. 
  • Enfermedad o tratamiento médico (Consultar siempre compatibilidad o alternativas en www.e-lactancia.org) Agitación del amamantamiento. 
  • ... 

Todas estas opciones son lícitas y en cada caso habrá que hacer un estudio pormenorizado de la situación, evaluar la realidad de cada madre y a partir de ahí, hacer un plan personalizado con cada mujer. A veces simplemente se trata de ir estableciendo pequeñas metas e ir avanzando en ellas; otras veces esto no será posible y habrá que abordar la situación de manera repentina y brusca. Como en todo, cuando ponemos demasiadas expectativas en algo, puede suceder que las cosas no ocurran como las habíamos planeado y eso nos lleve a una tremenda frustración.

Ante la cuestión de cuál es el momento para destetar en el ser humano, los estudios indican que la edad natural en que se puede producir oscila entre los dos años y medio y los siete años. Y tanto si se produce en una u otra edad, se considera normal. Incluso, si se produce antes o después, también lo es, ya que hablamos de un dato estadístico; siempre habrá muestras que queden por encima o por debajo de dicha franja. Hago hincapié en un matiz, "de manera natural".

También cabe destacar que el proceso de destete podríamos decir que comienza en el momento que empezamos a introducir la alimentación complementaria. Y espero que se entienda el concepto. Lo que vengo a decir es que ese es el inicio del camino, no necesariamente quiero significar que introducir la alimentación complementaria implique el destete inminente en sí. A partir de ahí, cada diada avanzará en ese camino de una u otra manera.

Aunque la situación ideal es que el destete se produzca de manera paulatina, natural y respetuosa, es decir, considerando los ritmos y necesidades de ambas partes (madre y bebé), lo cierto es que cada realidad es un mundo, y no siempre es posible que el final de la lactancia llegue de ese modo. En cualquier caso, nunca deberíamos juzgar el motivo que lleva a una madre a interrumpir de manera unilateral una lactancia, su lactancia. Sean los que sean, habrá unos motivos detrás: físicos, emocionales, laborales,... que para ella tendrán el peso suficiente.

Aquí os voy a hablar de cuatro casos concretos en los que, aunque el estado emocional de la madre puede distar mucho, el manejo fisiológico es el mismo o muy similar.
  • Cómo manejar una inhibición cuando una vez iniciada la lactancia no se quiere continuar con ella.
  • Cómo manejar un destete de manera brusca por voluntad propia. 
  • Cómo manejar un destete de manera brusca por fuerza mayor. 
  • Cómo manejar un caso de pérdida gestacional o perinatal. 

Lo que diferencia estas casuísticas de algún modo es el poder de decisión que haya podido tener la madre, las variantes que pueden rodear y motivar esa necesidad de abandonar la lactancia, y como decía, el factor emocional de la situación.

Cuando hablamos de pérdida gestacional o perinatal nos centramos en la gran pérdida que está viviendo esa madre, esa familia. Además, la pérdida siempre es un tema tabú del que no se habla o del que nos cuesta mucho hablar. Sin embargo es un proceso vital que debemos elaborar, que debemos vivir para ir sanando las heridas. Sostener a esa madre, acompañarla en ese duelo o dejarla si es lo que necesita; no juzgarla en las decisiones que tome y escucharla cuando necesite ser escuchada, son factores clave.

En lo que respecta a la lactancia cuando ocurre una pérdida gestacional o perinatal, pasa que en algunos casos no se deja tomar la decisión a esa madre sobre qué hacer. O sencillamente se toma la decisión por ella dando por sentado lo que querrá hacer.

En función de la semana de gestación en la que ocurra la pérdida, es o puede ser un hecho que la lactancia se desencadene (a partir de la semana 20 e incluso antes), y a pesar de la pérdida, la subida de la leche se produzca. Nadie que no sea la madre, tiene el poder de decidir si esa producción láctea ha de ser interrumpida o no. Sólo la madre debería tener esa capacidad, alejando órdenes imperativas e infantilizándola con "lo que mejor le conviene". Decidir seguir extrayendo su leche como parte del duelo, o interrumpir la producción de leche; y en este último caso, y del mismo modo, decidir si lo hará de manera brusca y con ayuda de fármacos o de manera paulatina y natural.

Quizá pueda parecer difícil entender que una mujer quiera continuar produciendo una leche que era para un bebé que ya no está, pero sencillamente, aunque cada mujer tendrá sus motivos, podríamos pensar que es un modo de despedirse, de decir adiós a ese bebé que jamás podrá volver a tomar entre en sus brazos, una despedida sin prisas, despacito y a su ritmo. Es una decisión muy personal y sea cual sea la decisión debería ser respetada sin juicios. En este artículo puedes ampliar información sobre este tipo de situaciones.

Un destete que se tenga que producir por fuerza mayor, por enfermedad, o porque la madre tenga que recibir un tratamiento que no se pueda postergar en el tiempo y del que depende su buena salud y bienestar, también puede implicar un duro golpe a nivel emocional en la madre.

En estos casos, habrá que, primero de todo, comprobar que efectivamente esa pauta es adecuada. Ocurre en muchos casos (lamentablemente en más de los que sería deseable) que se prescribe un destete y el tratamiento y/o la enfermedad eran perfectamente compatibles con la lactancia materna, sin riesgo para el bebé o para la madre. Una fuente fiable de consulta siempre es www.e-lactancia.org, y realmente son muy pocas las enfermedades o tratamientos que no son compatibles con la lactancia.

¿CÓMO LLEVAR A CABO EL DESTETE DE MANERA FISIOLÓGICA? 

Creo que es importante resaltar que los fármacos que se utilizan para interrumpir la lactancia, generalmente la cabergolina, pueden no ser efectivos cuando la lactancia ya está instaurada. Este fármaco es eficaz cuando se administra dentro de las primeras 24 horas tras el parto, causando un descenso brusco en los niveles de prolactina, y puede ocurrir en ocasiones que aun así, sea necesaria una segunda dosis.

Las recomendaciones para llevar a cabo el destete de manera fisiológica pasan fundamentalmente por:
  • Se recomienda utilizar un sujetador que no sea demasiado holgado, pero atrás quedó ya la vieja pauta en la que se mandaba fajar y comprimir a las madres el pecho. Esta práctica no es recomendable, más bien todo lo contrario. Por tanto, las mamas deberán estar bien sujetas, con un sostén que las contenga bien pero en ningún caso las "estrangule".
  • Para ir reduciendo la producción de leche poco a poco, habrá que dejar que los pechos se llenen y hacer pequeñas extracciones si hubiera molestia (lo justo y necesario) para aliviarlos, preferiblemente con extracción manual. Por eso es importante en esta etapa observar y vigilar el pecho para evitar posibles obstrucciones, incluso mastitis. 
  • La producción de leche funciona según la ley de la oferta y la demanda. Por tanto, si no hay demanda, poco a poco la producción irá disminuyendo. Es posible que en algunos días ya no se necesite hacer ninguna pequeña extracción. Después de la extracción se puede aplicar frío local.
  • Es importante tener en cuenta que este es un proceso que requiere tiempo y paciencia ya que puede llevar algunas semanas.
  • Puede ser necesario tomar algún tipo de antiinflamatorio, pero como sabes, la medicación sólo debe pautarla un médico. 
Hay casos en los que el tiempo no apremia y se quiere llevar a cabo un destete, pero de manera más progresiva y sin prisas. Para ello existen diferentes herramientas, como la de "no ofrecer, no negar", o el "método padre", negociar o entretener a los niños y las niñas con otras actividades, etc. En esta forma de llevar a cabo el destete entran en juego factores como la edad que tenga el niño o la niña, su propia personalidad, el entorno, o las circunstancias del momento.

Verónica Saseta.