Se acerca el 8 de marzo, Día
de la Mujer, que se empezó celebrando como de la Mujer Trabajadora
para reivindicar el trabajo femenino fuera del hogar pero que, una
vez normalizado éste, parece que dejaba fuera a las mujeres que
trabajan en el hogar o las que están en paro, es decir, las que
trabajan un montón pero no cobran un sueldo. En los últimos años
hacemos además alusión en este Día a la tremenda violencia que se
ejerce sobre las mujeres y al alarmante número de ellas que son
asesinadas por sus parejas o exparejas. Afortunadamente nos vamos
sensibilizando cada vez más sobre la discriminación y violencia
hacia la mujer aunque todavía debemos seguir haciéndonos preguntas.
¿Qué es la violencia?
A menudo, aún
se cae en el error de pensar
que la violencia es un daño físico que se le hace a otra persona,
algo que deja marca en el
cuerpo y, si no la
deja (un
cachete, un empujón…),
la actitud se
mantiene por debajo de los estándares
de la misma, o sea, algo tolerable. Pero
igual
o más dañina es
aquella que no deja marca
visible aparentemente, que la deja en nuestro interior (emociones
y psique),
como pueden ser
burlas, menosprecio, insultos,
palabras hirientes...
¿Hacia
quién va dirigida la violencia?
Siempre hacia
el ser más débil o vulnerable, hacia
aquella persona que por su condición o situación no puede
defenderse de forma eficaz. Por eso sobre todo se ejerce en animales,
niñas,
niños,
personas
de edad,
mujeres, y gente a
nuestro cargo.
¿Quién
la ejerce? Es
ejercida por hombres,
mujeres e instituciones. También
por niños y niñas que reproducen lo que ven a su alrededor o lo que
ello/as mismo/as están sufriendo.
Pensemos que venimos de una sociedad basada en la violencia y que
nuestra psique y nuestra cultura están impregnadas por ella, por eso
no es tan fácil de erradicar. Así que nos encontramos con esa
actitud en multitud de
ámbitos: doméstico, educativo, laboral, sanitario… ámbitos todos
ellos en los
que la mujer es especial víctima por la forma machista de
considerarla a través de la historia.
Así
que, si todavía hay quien se resiste a aceptar que una gran cantidad
de mujeres son maltratadas en sus propios hogares, aún cuesta más
aceptar que en lugares tan asépticos e instruidos como puede ser un
hospital, también se ejerza violencia sobre nosotras. Lo
que pasa es que tenemos tan integrado el mal trato que parece que,
mientras no corra la sangre, todo es normal.
La
violencia obstétrica se ejerce
sobre la mujer que está embarazada
o ya de parto, post
parto, o también durante un tratamiento de fertilidad, o en
una pérdida gestacional, momentos
en los
que se encuentra en una
situación extrema de vulnerabilidad tanto física como mental y
emocional. Y se produce
cuando se le
falta al respeto con comentarios jocosos, se la ridiculiza,
se la trata como a una niña
sin conocimiento, se
quita importancia a lo que siente, no
se la informa, no se le dan opciones, no
se la deja decidir libremente, o se le obliga a hacer algo que no
quiere.
Algunas
de mis experiencias directas:
...cuando
en mi primer parto
la matrona no me dejaba mover y se sentaba encima de una sábana que
me envolvía para mantenerme quieta
...cuando
tuve que aguantar que, mientras yo dilataba, ella narrase
la enfermedad y muerte de su marido a mi acompañante
...cuando me pegaba azotes en
los muslos para que no gritara
…cuando
no respetó que dejase de latir el cordón, como habíamos pactado
...cuando
en el ingreso de mi segundo bebé en neonatos por un neumotorax
no me dejaban
estar con ella ni probar a amamantarla
...cuando
durante
la cesárea de mi tercer bebé estaban hablando entre sí
del fin de semana y de ir o no ir a la playa
...cuando
al aceptar que me pusieran música para no tener que oírlos,
me pusieron los 40 Principales
…cuando
durante la cesárea
comenté que me estaba doliendo el estómago y me dijeron que eso era
psicológico (al poco rato
vomité)
…y tantos otros detalles que
no voy a desglosar aquí.
Cuéntanos tu caso. Todo
esto ocurrió hace ya unas décadas,
por lo que puede parecer que lo sucedido es algo de tiempos pasados y
que ya no ocurren cosas parecidas, por eso os emplazo a que nos
contéis vuestros casos pues,
a pesar de los cambios en el
protocolo de partos, la violencia se sigue produciendo muchas veces, como
vimos en 2019 con
el sonado caso del “parto de Oviedo”, en el que la policía se
presentó en casa de una mujer que estaba ya
de parto
para obligarla a parir
en el
hospital. Porque sólo sacando a la
luz nuestras experiencias y nuestro rechazo a ese trato podremos
sensibilizar a más gente y conseguir que esto no se siga viendo como
algo normal. Solo contándolo podremos conseguir que estas conductas acaben.
Para
terminar os dejo dos
links: uno en el que la
psiquiatra Ibone Olza nos informa de las secuelas de la violencia
obstétrica
y un video en el que se
entrevista a la
matrona Paula Camarós
sobre el tema.
Isabel Gutiérrez del Campo