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jueves, 31 de octubre de 2013

La leche materna produce una flora intestinal con más capacidad para proteger al bebé

Lactancia


La lactancia materna supone grandes beneficios para el bebé. Este modo natural de alimentar al recién nacido tiene efectos protectores. La ciencia cada vez haya nuevas ventajas de seguir este procedimiento.
 
Se ha demostrado que la leche materna reduce la incidencia de infecciones por diarrea, gripe y enfermedades respiratorias durante la infancia, el riesgo de que el niño sea celíaco, al tiempo que protege contra el desarrollo posterior de las alergias, la diabetes tipo 1, la esclerosis múltiple y hasta mata el VIH y bloquea su transmisión oral.
 
Ahora, investigadores de la Universidad de Duke (EE UU) han descubierto que la leche materna provoca un crecimiento de la flora intestinal de los bebés diferente al que causan los preparados de leche maternizada que hace que sea más recomendable para protegerles de infecciones y enfermedades.
 
En concreto, y según los resultados de un estudio publicados en la revista Current Nutrition & Food Science, han observado que fomenta la formación de flora microbiótica en el tracto intestinal, lo que permite la absorción de nutrientes y el desarrollo del sistema inmune.
 
Según William Parker, autor principal del estudio, "saber cómo la leche materna transmite sus beneficios podría ser útil para conocer el desarrollo de fórmulas infantiles que mejor imitan la naturaleza".  
 
Defensas unidas o no
 
Dado que los científicos han ampliado su conocimiento sobre el papel de flora intestinal, trataron de observar si la alimentación de los primeros meses de vida también puede ser beneficiosa para el universo microbiano del intestino.
 
En el estudio, los investigadores hicieron crecer bacterias en muestras de leche maternizada, leche de vaca y leche materna. En cuestión de minutos, las bacterias comenzaron a multiplicarse en todas las muestras, pero no había una diferencia en su nivel de crecimiento.
 
En la leche materna, las bacterias se adhirieron entre sí para formar biopelículas –capas delgadas y adherentes de bacterias que sirven de escudo contra los patógenos y las infecciones–, mientras que las de la leche maternizada y la leche de vaca proliferaron ampliamente, pero crecieron como organismos individuales que no se unen para formar una barrera protectora.

 

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